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sábado, 25 de marzo de 2017

Earrach

Estás ya entre nosotros, aunque no lo parezca.

Te esperaba ansiosamente, como el que espera al ser querido frente a la puerta de llegadas de cualquier aeropuerto: se abre la puerta, pero no terminas de ver frente a ti a quien has esperado largo tiempo.




Te empecé a celebrar con el alma encedida en verde.


Estás aquí, aunque se nos hiele un poquito el corazón últimamente. Y amo lo que significas. La luz que sé que me traerás a mi vida. Las ganas de respirar, de salir, de moverme, de suspirar, de disfrutarte con intensidad.

Añoraba tus días. Soñaba con la calidez de tus noches. Has llegado, pero parece que no quieres permanecer del todo.

Eres como el amante esquivo, que no se queda permanentemente en tu lecho y huye de madrugada. Y esperanzada me mantengo expectante, porque sé que tarde o temprano llegarás con tus explosiones, de color, de risas, de nuevas tareas.

No olvides que te espero. 



                        Siempre impaciente.

jueves, 9 de marzo de 2017

Nunca esto es lo que parece.

Desde lejos parece que el sol te baña y te da esa singularidad que te hace único entre los que te rodean.

Pero si me acerco a ti lo suficiente puedo ver que eres en realidad algo diferente entre tanta normalidad.

No es que brilles, pero destacas.

Eres sencillo, eres bello.

Tienes algo que atrae. Y mi curiosidad de fémina felina hace que me aproxime a ti, entre extrañada e incrédula, que te mire, que te observe, que me prende de tu desnudez.

Quiero tocarte, pero un muro nos separa. Quiero rozarte con mis dedos, para ver si eres del todo real. Pero mis manos quedan lejanas de ti. Una verja me lo impide.

Y sólo puedo admirarte perpleja.

Las apariencias engañan, dicen por ahí.

Me he prendando de ti y quiero conservarte en mi retina. Momento único para el recuerdo.

Te guardo en mi archivador de imágenes especiales. Hasta que la memoria nos separe.

Mientras tanto, mientras no cambies, mientras siga pudiendo verte al menos un momento cada día, mientras no te envuelva el disfraz que te cubre la mayor parte del tiempo, me acerco y me recreo en tu color.

Hasta que deje de poder verte así y te vea de otra forma. 


O ya ni siquiera te vea.

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