domingo, 15 de febrero de 2026

 NO SÉ COMO LLAMARLO.

Cuando va a empezar un año nuevo, siempre he tenido la sensación de que el que va a comenzar, va a ser mejor que el anterior, que todo lo que está por venir va a ser bueno, que todo va a ser maravilloso a partir de la última campanada.

Y luego van pasando los días. Y la realidad va difuminando los sueños. Te vas chocando contra muros una y otra vez. Y la ilusión de un futuro mejor se va escabullendo con el devenir de los acontecimientos.

La alegría va cediendo terreno. Y las ganas de sonreír se van enmascarando en profundas muecas fingidas.

Por fuera sigues manteniendo la compostura, para no llorar, para no aparentar debilidad. Por dentro eres una grieta tras otra, intentando que el mundo no veas que la seguridad de tu mundo interior se desmorona.

Y los días van sumando números y tus números van restando.

Es como si el universo confabulara para ponerte a prueba. Nada vital, nada tremendamente decisivo, pero gota a gota se va llenando el balde. Y tú, intentando canalizarlo todo, para que nada se desborde. Ni siquiera te permites te lo hagan tus ojos, no ya en público, ni siquiera a solas. Vas perdiendo fuerzas, hasta para concederte ese lujo.

Nada comparable a luchar contra una potencial enfermedad mortal. Nada que no pueda solucionarse con paciencia y dinero. Pero tus recursos personales, tus fuerzas, tu templanza, va aminorando.

Como las lluvias que no cesan, una detrás de otras, imparables así van llenándolo todo las situaciones adversas.

El cansancio, la falta de sueño, la presión en el pecho al respirar, nada se alivia. Y el miedo intenso a no saber con qué recursos cuento para el siguiente envite es mi más fiel compañero.

Y este recurrente malestar no deja sitio para seguir siendo yo misma, para pensar en los demás y en sus problemas, ni para ser empática, ni para ponerme en su lugar, ni para seguir siendo cómo era antes yo.

Sólo pienso: "¿Qué va a ser lo siguiente?"; "¿Voy a seguir teniendo fuerzas para no estallar?".

Poco a poco voy perdiendo la poca seguridad que me quedaba. El sentimiento de indefensión es tremendo. Y no sé de donde sacar el impulso y el coraje para afrontar algo más.

Necesito que llegue ya la buena raya. Es imperioso que esto pare ya.

Así, sin fotos. Sin filtros.


No hay comentarios:

Publicar un comentario