jueves, 1 de noviembre de 2012

Como muerta en la bañera.

Así definía a veces su estado de ánimo, la sobrina del ex-director general de mi empresa, con la que coincidí en el trabajo hace ya unos pocos años. La chica no ejercía de "sobrina de" y tenía frases de lo más ocurrentes: "Esa está loca, tipo Rebecca", (para referirse a otra compañera), etc.
El "como muerta en la bañera" es una imagen que me parece de lo más propia para una noche como la noche de difuntos.
Cuando llega la medianoche y se inicia el 1 de Noviembre, me gusta releer  "El monte de las ánimas", de Gustavo Adolfo Becquer, basada en una leyenda soriana. Sigo sintiendo un estremecimiento y la sensación de que soy vigilada por alguien a quien no puedo ver. Y a partir de medianoche, intento no estar sola.
El miedo a lo desconocido, a la vida después de esta vida. Esos pensamientos que todos hemos tenido alguna vez...
Hemos importado la costumbre anglosajona de Halloween y hemos trivializado el miedo eterno a lo desconocido.


Nos disfrazamos de brujas, fantasmas, vampiros, monstruos y otros seres oscuros, tratando de reírnos de lo que probablemente nos da más favor que nada en este mundo. En otros países se celebra la muerte, tanto como la vida. En el antiguo Egipto, gracias a la muerte tenemos magníficas obras de arte y de ingeniería.
Hay quien la desafía a diario con su estilo de vida. Hay quien celebra el culto a los muertos con los dulces más ricos del mundo, una excusa como otra cualquiera para ayudar a digerir una realidad un tanto amarga.
Todos tendremos que irnos en algún momento. Todos tendremos que pasar por ello, mejor tarde que temprano.
Y como decía una amiga (la primera "gótica" con la que me crucé en mi vida): "Que tengas una buena muerte".

miércoles, 31 de octubre de 2012

S.O.S.

Necesito ayuda, estoy un poco desconcertada. Hoy en la mochila que lleva mi hijo,  el "rizos", la que lleva tooooodos los días al cole, teníamos la siguiente nota (evidentemente reproduzco sólo una parte y voy a obviar los datos del centro educativo, por motivos más que evidentes, pero es real como la vida misma):







Y estoy preocupada, no sólo porque a ver ahora donde encuentro yo una abuela "voluntaria" que quiera participar en la castañada del colegio de mi hijo (me gusta participar en las actividades que se organizan en la medida de mis posibilidades), lo peor es que desconozco donde se crían las abuelas de edades tan tempranas.
Se que me convertí en madre a una edad un tanto avanzada, que a mi edad, hay gente que es abuela ya, pero desconocía totalmente que hubiera abuelitas tan precoces.
Encontrar una de 5 años ya me parece muy fuerte, pero ¿otras dos más y aún más jóvenes?.
De la risa inicial, que ha dado para múltiples comentarios jocosos a  la hora de la merienda he pasado a la preocupación: quizás no lo he entendido bien. Y como no especifica si tienen que ser abuelas humanas o romulanas, he pensado ¿del reino vegetal o del reino animal?
Porque, por ejemplo una rana abuela de 5 años (¿cuanto vive una rana?, como término medio, tampoco necesito exactitudes) a lo mejor es factible; ahora, otra cosa es que se deje vestir de castañera (?).
Que se preste voluntaria para ir disfrazada, pues es fácil, con no preguntárselo, listo.
¡Si, lo se, estoy desvariando! Es la falta de sueño, que me ha trastornado el cerebro.
Vale y luego las "voluntarias" tienen que disponer de recursos para vestirse. Mi hijo con 3 años necesita asistencia para no salir de casa desnudo. Me imagino que la de 4 y la de 5, ya tendrán más dominado lo de irse vistiendo, o sea, que serán abuelas voluntarias con recursos para vestirse (¿solas?).
¿Quizás se refiera a abuelas voluntarias con dinero para comprarse/confeccionarse la indumentaria de castañera?
¡¡Lo reconozco, estoy fatal!! Pero es que van provocando. Hace dos semanas era la semana del amarillo, un día tenían que llevar comida amarilla para la hora del recreo, otro día un objeto amarillo que se quedaría en clase, otro día ir vestidos de amarillo. Esta semana ha sido la semana del negro..., ¡pero es que cada vez nos  lo ponen más difícil!

jueves, 25 de octubre de 2012

Admirador secreto.

Está es la entrada número 100 desde que en enero de este año empecé a hacer realidad algo que llevaba mucho tiempo pensando que me debía a mi misma, pero nunca encontraba ni tiempo ni ánimo para ello (he de confesar que tampoco tenía acceso al portátil, porque lo tenían "secuestrado").

En estas 99 entradas precedentes, he tenido momentos de reflexión pública, he desnudado sentimientos y me he expuesto ante gente conocida, pero sobre todo ante mucha gente que no me conoce personalmente y que no sabe de mi prácticamente nada.

Se que ha habido gente que lleva algunos años de relación amistosa conmigo, unos más que otras, que se ha sorprendido (algunos gratamente, o al menos eso espero), gente que me ha halagado (inmerecidamente) y gente que ha tenido así la oportunidad de conocer aspectos de mi, que en cierta forma les han resultado novedosos.

En este tiempo he conocido otras realidades a través de magníficos blogs, me he sentido identificada con lo expresado en alguno de ellos, me han servido para reflexionar, para constatar otras vivencias, para llorar de risa, para llorar o simplemente, a veces para quedarme completamente muda (en mi es algo raro, bueno, ultimamente no tanto).

He dedicado mi tiempo, mis horas de sueño, mi entusiasmo. He aprendido, he improvisado, muchas veces he callado. Pero sobre todo, ha sido divertido, ha sido estimulante, ha sido muy gratificante.

Y a pesar de todo, me sigue sorprendiendo que haya gente que le interese lo que yo pueda contar, pero lo que más me sorprende de todo es que haya gente al otro lado del mundo, que abra su IPhone, su Android o más modestamente su Windows y lea mis palabras.

Gente de Rusia, Reino Unido, Alemania, Estados Unidos, Venezuela, Colombia, México, ¿Japón?. A veces creo que llegan a mi blog por error, pero también se que tengo fieles admiradores secretos (y no tan secretos) que me comentan cosas sobre las que he escrito...

En la era de la aldea global, me siento como el charlatán de feria, en la plaza del pueblo, ante gente que me oye pero no me escucha. Me siento un poco juglar.


Pero se que hay gente que espera que lance una nueva entrada para adentrarse en mi extraño universo, en mi constelación de pensamientos.

Así que esta entrada centenaria es un homenaje a mis seguidores y seguidoras fieles, al "admirador secreto" que está a miles de kilómetros o simplemente aquí al lado, leyendo lo que me dicta mi anárquica imaginación.

¡¡¡ GRACIAS!!!

miércoles, 17 de octubre de 2012

Hormiguita.

Cuando estoy rodeada de gente tengo la sensación de que me diluyo, que soy practicamente invisible y que mi presencia no es percibida por los que me rodean.
Hubo un tiempo, no excesivamente lejano en el que podía pasear horas y horas por el centro de la capital del reino. Me gustaba perderme por estrechas callejuelas por las que apenas caben un par de coches, para dejar que mis pasos terminaran convergiendo en la Plaza Mayor, atravesarla por el centro, deteniéndome en los grupos de turistas locales, haciéndose fotos con las estatuas humanas.
Bajar hasta el mercado de San Miguel, cámara en mano, ir a la Plaza de la Villa y de ahí a Bailén.
Otras veces me he sorprendido a mi misma en los jardines del Palacio Real, sentada en un banco, mirando mi plano de falsa turista (con botella de agua incluida para disponer de todos los aderezos) lo que me permitía observar con disimulo los besos fugaces y también los besos profundos de los enamorados, los que no se ocultan, los que nada temen.
He entrado en silenciosas y oscuras iglesias. He fotografiado balcones y esquinas. He captado a contraluz la vida de las calles.
En más de una ocasión, mi espíritu cansado de todo, ha bajado de Callao a Sol, por la calle más concurrida, con la absoluta certeza que nadie reparaba en mi. 
Como obrera de hormiguero, siguiendo la marea humana, sin saber si mi rumbo lo elegía yo o lo marcaban otros.
Una vez me sentí parte de la cadena que permitía moverse la bola de la mentira.


Pero los años y el peso del desencanto hacen que quiera soltar mis manos y dejar que todo se estampe contra el suelo. Pero no, mi extraño sentido interno de la responsabilidad, me hará continuar aferrada, ser otro eslabón y hacer que no se caiga la bola de millones de hormigas.

¡¡Soy parte de la cadena, soy parte de la cadena, soy parte de la cadena!!

Y en pocas horas, volveré a fingir que me creo que soy una parte importante de los activos del hormiguero, todos por el bien común, sin plantearse más que obedecer y callar. Como si hubiera firmado votos de novicia de una no espartana congregación.
Voy a concentrar mi pensamiento en sentirme una vez más diluida, invisible y sobre todo impermeable a las voces de la estupidez humana.
¿Soy la única que tiene la sensación de ser un minúsculo grano de arena en el universo infinito? Voy a ser simplemente hormiga.

lunes, 15 de octubre de 2012

Si voy dejando pasar el tiempo.

Desde mi ventana veo aviones partiendo nubes en dos. Aviones que a veces preñan el cielo de líneas blancas que se enmarañan entre si. 
Fuera, al otro lado de la jaula de cristal la vida fluye con su ritmo, últimamente más convulso. Pero los pinos siguen dejando que el viento mueva sus ramas y todo transcurre como siempre.
Por las tardes, cuando sólo estoy en casa, ajena al discurrir de los acontecimientos, veo el paso de las estaciones a través de la hiedra bicolor de la valla, esa que separa mi mundo, mi línea de intimidad de la vida de mi vecina.
Desde la terraza de mi dormitorio todavía veo hojas en las ramas de los árboles, pero se que una a una irán cayendo. Llenarán el suelo, lo teñirán de amarillo y ámbar. Las ramas quedarán desnudas y podré ver a través de ellas una porción más grande de mundo.



El sol ya no se oculta en el mismo sitio, ni lo veo asomar en el mismo lugar de mis amaneceres tranquilos y silenciosos.
Y van cayéndose los días a pedazos, corren más que yo, tiene más prisa por pasar y dejar que le sigan otros.
Anclada en rutinas, de puntillas por la vida, paseo mis melancolías por las orillas de los embalses madrileños. Lanzo mi imaginaria caña y me siento a pescar pensamientos, tranquila, de espaldas al mundo. Pero no surte mucho efecto, así que insisto una y otra vez, hasta el infinito, como siempre he hecho.
Me desvisto muy despacio y a conciencia, me lanzo al agua y me dejo arrastrar por la corriente. A veces puedo nadar en estilo libre, pero la mayoría de las veces no tanto.
Y me tengo que conformar con eso, de momento.
Se que se dorarán las hojas y luego morirán. Después, vuelta a empezar. Sólo es cuestión de tiempo, le digo a mi paciencia. ¡Aguanta!, le digo a la cuerda que se tensa atada a mi tobillo. 
Por unos días he dejado descansar a mi tridente, pero hay determinaciones grabadas en la piel al calor del verano.
A veces creo que piso arenas movedizas, con la seguridad de que me engullirá sin remedio el fango, que ya me está salpicando en la cara.
Sólo es trabajo, me repito. Tu te obligaste a ello.
Cuando el único recurso es la imaginación, porque falta la libertad para volar, sólo queda contar hasta 10, lentamente y después empezar de nuevo a contar.

jueves, 11 de octubre de 2012

Fina, segura, pero sin alas.

Así he tratado de sentirme  cuando me he tenido que enfrentar a una "inocente" encerrona laboral.
Tenía que dar una pequeña formación de dos horas a un pequeño grupo de profesionales de reconocido prestigio dentro de su especialidad, sobre mi trabajo y la forma en que funciona mi equipo.
Cuando he llegado al lugar de la formación no había nadie, así tranquilamente he preparado el material de mi exposición, cuando me han dicho:
- "Uy, faltan sillas, voy a por más"
- ¿Para que, si ya hay al menos ocho? ¿cuanta gente viene?
- "Veintitrés"
"Oh, oh, tienes un problema bo-ni-ta" (he pensado mientras mi mente procesaba la magnitud de lo que se avecinaba sin remedio).
En otra ocasión similar el grupo fue de 4-5 personas, ¿pero 23?. Venga, vale, da igual 8 que 80, tu estás preparada, tu puedes con sus preguntas, tu no tienes miedo escénico, tu no tienes vergüenza, tu no tienes..., no tienes ni idea donde te han metido.
Me mirado la sala vacía, he mirado las sillas vacías, he cogido aire para infundirme valor a mi misma y me han entrado ganas de salir corriendo. Casi lo hago cuando ha empezado a venir el respetable público de mi teatro de hoy.
Sudores fríos me han entrado cuando he visto que atravesaba la puerta de la sala el "master and commander" del área para el que yo colaboro "¿y este, qué hace aquí, si no se relaciona con el vulgo (o sea, yo)?", pues nada más ni nada menos que a presentar mi formación, él, que sólo tiene por encima en jerarquía al super-boss.
Esto se avisa, esto se avisa, esto se avisa, jo..lines. Aunque si me llegan a avisar con tiempo, me estoy muriendo de nervios varios días antes.
Quien me conoce dice que yo soy capaz de cualquier cosa que me proponga, así que he sonreído (tímida, como soy yo) ante los inesperados halagos laborales recibidos del "master and commander" (¿qué sabrá de mi?, ¡qué miedito, madre mía!) y me he lanzado como si sólo me escuchara mi querido ángel de la guarda.
Cuando ya la cosa iba encauzada, ¡zas, problema!, había que parar la formación para cumplir con un protocolario acto de autobombo empresarial.
He tenido que salir de la sala de formación, recorrer casi un kilómetro a la carrera (me he sentido como una asesina de cualquier novela de Agatha Christie, en busca de la coartada perfecta en tiempo record), he bailado (si, como lo cuento, he tenido que bailar, todo sea por el autobombo empresarial) y vuelta a la carrera a la formación.


Kafkiano me parece un término demasiado suave para describir la situación, más bien ha sido de película de Berlanga. He llegado con la lengua fuera y como si lo hiciera todos los días, toda fina, toda segura, he terminado mi presentación, he respondido dudas de las que ni yo misma me hubiera creído capaz de responder hace unos meses y me ido a casa con la sensación de que alas, lo que se dice alas no tengo, pero que con esto me he ganado un cacho de nube en el cielo, fijo.

miércoles, 10 de octubre de 2012

Pensamiento matemático.

Si, soy de letras. De letras puras, purísimas. En mi plan de estudios (¡¡dichos días de estudiante!!) existían materias como el latín, el griego, historia del arte, filosofía... Y cuando pude elegir, lo hice.
Como las fórmulas químicas  me parecían incomprensibles (Ej.: CaSo4 . 2H2O), aunque luego les terminé encontrando su lógica y sobre todo su utilidad. Y como la física tampoco era lo mio...


Pues eso, que al final no me quedó más remedio que decantarme por la opción que a priori parecía más interesante para mi.
Desde ese momento de elección, han pasado unos cuantos añitos, pero luego la vida te enfrenta a situaciones en las que te percatas que las matemáticas siguen constantemente presentes.
No sólo en el día a día, en el que si sumas 1 + 1, te encuentras con dos problemas, que se pueden multiplicar hasta el infinito si añades más elementos. Y que si en lugar de sumar, multiplicas, en lugar de dos problemas, puedes tener como poco 4.

Hay veces que tu mundo de moléculas se mantiene estable, pero de repente aparece una variable en tu campo de electrones y trastoca todo ese equilibrio de partículas, modificando el resultado de tu ecuación.

Si esa "X" es puntual, bien, no hay excesivos problemas, la sorteas lo mejor que puedes y listo; pero si esa variable se convierte una constante en el tiempo..., estas jodido incómodo.

Si tienes opciones de intervenir sobre la dichosa variable, restando o sumando factores para que la incidencia de la misma se vea minimizada, bien de nuevo. Si no, estas muy jodido incómodo (elevado al cuadrado).

Pensamos que controlamos nuestras vidas, que podemos tener nuestro futuro a corto plazo organizado, pero de repente, ocurre un imprevisto, algo con lo que no contábamos, que trastoca todos nuestros planes, incluso los más inocuos a corto plazo. Y en esos momentos, entre que nos reajustamos para adaptarnos a la nueva realidad (o mejor dicho, para acoplarnos a esa nueva realidad), a esas nuevas situaciones, deberíamos pensar en lo inconsistente que es nuestra existencia, en lo frágil que es nuestro supuesto bien asentado universo.

Somos el aquí y el ahora. Y deberíamos en muchas ocasiones comportanos más como seres de presente y no centrarnos en un futuro del que no tenemos la certeza exacta de su llegada ni de las condiciones bajo las que vamos a vivirlo.

Así que:

Carpe diem quam minimum credula postero.


jueves, 4 de octubre de 2012

El día que adelgacé 8 kg. en 20 minutos.

En estos días de octubre celebro de una forma un tanto original este evento extraordinario. No es fruto de ningún régimen alimenticio milagroso, sino que tiene nombre propio, o dicho de otra forma: se llama cesárea. Para ser exactos, mi segunda cesárea. 

A pesar de ser la segunda, la experiencia fue totalmente novedosa. Fue programada con tiempo, primera novedad. Me dio tiempo a preparar mis cosas y las del niño (segunda novedad), a prepararme mentalmente para la llegada de un nuevo miembro de la familia, otra vez una novedad, que nos convertiría en familia numerosa de facto.

En el momento en el que su cuerpo dejó de formar parte de mi cuerpo y escuché su llanto empecé a sentirme madre, pero madre primeriza. Me le acercaron para que pudiera verle, besarle y decirle: "Bienvenido al mundo, cariño" (todo eso era nuevo para mi a pesar de ser mi segundo hijo). Todo era tan diferente..., se me saltaron las lágrimas de emoción y no de miedo. Mientras que recomponían mis tejidos me fueron informando de su peso, su talla, sus puntuaciones en el test de Apgar, de que todo estaba bien y era normal. Suspiré aliviada y no me asustó saber que me estaba bajando peligrosamente la tensión, ni de que me tuvieran que poner oxígeno porque me mareaba y me costaba respirar un poco. Él estaba bien (otra novedad a diferencia de la situación anterior) y lo demás no importaba mucho.

De eso han pasado ya tres años. Le miro y le veo tan guapo (ahora habla por mi el orgullo de madre, por este George Clooney en miniatura), de mirada arrebatadora y tierna, entre pícaro y dulce. 


Con el paso del tiempo nos hemos ido conociendo mejor. Y va a ser un Libra de manual: le cuesta decidir que quiere, ya sea tener que elegir entre zumo de piña o de naranja o que calcetín se quita primero. Y no está seguro de nada. Una de mis misiones como madre, es hacer de él una persona que aprenda a valorar los pros y los contras de las situaciones y que pueda decidir con libertad lo que considere que es mejor para su felicidad. Si, lo se, ardua tarea, pero merecerá la pena. Doy por bien empleado el tiempo, siempre que elija lo mejor para si mismo, sin perjudicar a nadie.

A veces es muy irritante, sobre todo cuando quiere algo y no puede/no sabe esperar a que llegue el momento oportuno. Impaciente, mi pequeño tirano impaciente.

Pero es muy dulce, sobre todo su voz es muy dulce. Espero que de mayor conserve algo de ese tono y esa forma de hablar tan bonita. Cuando me pide algo con ese vocecilla que emplea, que ablanda hasta el acero de los barcos, no puedo negarme a nada de lo que me pida, o al menos me cuesta muchísimo. Muchas veces tengo que hacerlo, porque la situación así lo exige y porque tiene que aprender a valorar lo que pide y sobre todo lo que recibe. ¡Y tiene que ganárselo!.

Estoy también orgullosa de sus razonamientos, de como se fija hasta en los más mínimos detalles. Cosa que me sorprende gratamente, teniendo en cuenta lo pequeño que es aún. Y tiene una vitalidad que a veces me desborda. Sus abrazos de oso polar, con todas sus fuerzas a veces me causan agujetas, pero son los mejores. Y compite con su hermana cuando quiere agradarme.

Es capaz de llevarte la contraria en todo, como un juego. A veces creo que le gusta provocarme para poder llegar a mi límite.  Es un orador nato, al que le gusta mi compañía, pero que necesita su espacio de independencia, cosa que respeto totalmente.

A mi niño le encanta que le diga que está guapo, sobre todo cuando se pone mis gafas de sol. Disfruta con los elogios que recibe, incluso a veces me los reclama directamente.

En los últimos meses sobre todo, la relación madre-hijo ha cambiado, ya no es el bebé inocente y a veces un poco distante. Tiene picardía y bondad a partes iguales y como en una balanza real, a veces el platillo está más inclinado de un lado que de otro. Con su hermana es igual, lo mismo se la come a besos y la abraza que la empuja y la hace daño.

Es una parte importante de mi vida, por no decir que también es mi vida. Y espero poder cantarle muchiiiiiiiísimos años más: 


¡Gracias por haber llegado a mi universo!

martes, 2 de octubre de 2012

Quiero ser mala...

... y perversa. Si es que es lo mejor, lo se. Cuando eres buena, te toman el pelo, así que lo he decidido, de mayor yo quiero ser MALA.

Al estilo de las brujas de cuento, con mala milk y risa de madrastra de Blancanieves, con el espejito, espejito mágico incluido, of course. Y si tengo que envenenar manzanas en lugar de asarlas en el horno con mantequilla y canela, pues se hace y listo.

"Las chicas buenas van al cielo y las malas a todas partes", como leí hace años en uno de los aseos de mi facultad, y a mi me gusta viajar, así que..., la decisión está clara: voy a ser muy, pero que muy mala.

Aunque no se si me saldrá bien, porque no he practicado mucho en estos xx años (no pienso confesar, no pienso confesar, no pienso confesar mi edad). Y yo creo que o naces siendo mala y desde la cuna vas ejerciendo o luego es un vicio difícil de coger.

Creo que es como la vena artística, tienes que sentirlo desde dentro y yo dentro lo único que siento son palpitaciones. No se si me servirá de mucho ser rencorosa y vengativa, igual ayuda.

Lo malo es que cuando oigo lo de "por favor, ¿puedes...?" siempre digo que si, aunque me enmarronen. Muchas veces cedo sin necesidad de oír las palabras mágicas (lo de "por favor, por si alguien duda). Y cuando se me ocurre alguna maldad contra alguien, me da mucha penita y no lo hago (aunque lo pienso hasta con detalles).

Y eso que a mi alrededor tengo verdaderas maestras en la materia, incluso alguna tiene el doctorado de mala malísima "cum laude". Voy a ver si con el roce me contagio y empiezo mi meteórica carrera de "bicho peligroso".

lunes, 1 de octubre de 2012

Catálogo de desastres.

Se que en la lista me voy a dejar un montón de cosas, de las que me iré acordando en próximos días, pero este verano ha sido para elaborar un auténtico repertorio de  cosas rotas.

Mi niño ¡qué rico el con sus rizos, parece un angelito! se ha ido cargando con la ayuda inestimable de su hermana, varias cosas del hogar, a saber:

 * Los 4 estores del comedor, primero los de la salida al patio y luego los de la ventana, por si tenían envidia. Si, ha ido sacando una a una todas las varillas, ha desengachando las cuerdas, etc. Menos morder la tela, al menos esos creo, ha sido implacable. No ha dejado ni un centímetro a salvo. Y su hermana no se ha quedado atrás, lo que no se cargaba el "rizos", lo remataba ella.

*No digo nada de como está el parquet, tiene más cráteres que la luna, producto de golpes y caídas "libres" de juguetes. En el pasillo tengo "el mar de la tranquilidad" en versión mini.


* Los juguetes son otro punto a destacar, el que no está roto, está "edestrozado", como dice mi Pitu. Tenían (en pretérito y digo bien) un avión, que emitía sonidos, se encendían las luces y giraban las hélices de los motores, hasta que decidieron que tenía que hacer un amenizaje y lo convirtieron en submarino dentro de la piscina. Ya ni luces, ni sonidos, ni nada.

* Las plantas tampoco se han librado, algunas se han quedado sin hojas, otras las ha regado tanto mi "angelical" niño con rizos, que las pobres han muerto ahogadas. Las del jardín delantero, han sido pisoteadas, las del patio posterior fueron boicoteadas cuando cerraron la llave de paso del agua y se desprogramó el riego automático (nos dimos cuenta que algo no iba bien, cuando ya se estaban empezando a secar). Las que sobrevivan además al invierno se van a merecer un premio.

* En el dormitorio mi santo tiene un despertador que además indica la temperatura. No sabemos como, pero ahora la da en grados Fahrenheit y no sabemos si hace mucho frío o mucho calor, nos lo imaginamos cuando salimos a la calle. Tenemos firmes sospechas de que ha habido un par de manos inocentes que han colaborado en ello.

* Arrancar los topes de las puertas para no dar golpes en las paredes, cuando las abren con todas sus fuerzas, ha sido el deporte estrella del verano, no creo que tengamos ya en casa ninguno de los que se pusieron cuando nos vinimos a vivir aquí. ¡Qué afición por despegarlos, es que ven uno nuevo y zasss, a por él!

* Dos tumbonas del patio han pasado a mejor vida. Vale que eran de plástico, que habían aguantado varios años a la intemperie y eso las había debilitado, pero las manos de mis pequeños "Atilas" han contribuido a su fin.

* También han fenecido dos fuentes ornamentales del patio. Primero una ¡uy, se me ha caído mamá! y luego su sucesora. Nos alivia un poco el espíritu que ambas fueron compradas en super-rebajas fin de temporada.
Pero eso nos les esculpa.

* Durante lo que yo pensaba que era su siesta, decidieron pintar las paredes de la primera planta a tres colores. Cuando subí a despertarles para darles la merienda, los dos parecían los pintores de las cuevas de Altamira, manos a la obra. Menos mal que la pintura es plástica y lavable y frotando, frotando...

* El técnico de la lavadora también nos visitó este verano, porque la "intrépida" decidió dar la vuelta al dosificador del suavizante y una vez cerrado el cajón, no se podía abrir. La broma de la niña nos costó 78 €. ¡Con lo modosita que parece a veces!.

Se que me dejo infinidad de cosas en el tintero bloguero, pero se me nubla el recuerdo de sus fechorías. Aunque no pierdo la esperanza de que con el tiempo, estos "delincuentes en potencia" vayan comportándose mejor.

A veces estoy convencida de que soy la peor madre del mundo, porque no se imponer con eficacia las normas en casa o la que tiene los hijos más gamberros de todo el pueblo (me consta que no son los únicos así, porque esta semana me ha contado una compañera que su hija le ha redecorado el sofá a base de rotulador).

Estos tiene las pinturas escondidas en la caja fuerte, ja.




viernes, 28 de septiembre de 2012

¡¡Premio!!

Es increíble. Empecé a escribir mi blog por un motivo muy concreto y no esperaba ni mucho menos tener audiencia ni en suelo patrio, ni al otro lado del mundo.

Ya lo de los premios me descoloca del todo. Directamente, me suben el ego agradablemente, eso si, pero no dejan de sorprenderme y mucho.

He recibido otro (la verdad es que hace días de ello), de manos de Jesús (http://instantesquesecruzaneneltiempo.blogspot.com.es) y es este:



¿A que mola? pues claro. Así que ahora me toca contar 7 cosas sobre mi y luego pasarlo a 7 blogs. Venga, vamos a ello:

1. Soy muy maniática con el orden y la limpieza. Me voy relajando con los años, pero los primeros años de convivencia conmigo fueron un poco la prueba de fuego de la paciencia. Ahora con 2 hijos dedicados casi en exclusiva a desordenar y manchar sistemáticamente todo, sufro (no siempre en silencio) y me pongo muy nerviosita. Debería darle menos importancia a como esté mi casa, pero ¡¡¡no puedo, no puedo, no puedo.!!!. Debo llevarlo en los genes, porque mi madre y mi abuela eran igual que yo. Se me rompe el karma si hay desorden.

2. Tengo una estatura "reducida". Me gusta pensar que no soy bajita, sino que estoy concentrada (como la sopa en cubitos) y eso me plantea problemas muy tontos, como no poder comprarme ropa que está colocada en estanterías altas, solo porque no puedo cogerlas y probármelas y me da vergüenza pedir ayuda porque yo no llego. Si a eso le suma que me gusta ir a comprar sola, ya os podéis imaginar el resto. Ya se que es una tontería, pero a mi me fastidia. Otra cosa es como veo las exposiciones de pintura cuando la iluminación está calculada para gente de estatura media, al resto, que nos zurzan. Me molestan los reflejos de los focos desde mi 1,5x m... Otra tontería, lo se, pero yo veo el mundo desde otra perspectiva. Quien se ha venido conmigo de museos, lo sabe y hay quien se agacha para ver lo que yo veo desde mi altura.

3. Me apasiona la lectura y cuando tenía más tiempo del que ahora me deja el "modo madre" deboraba todo lo que caía en mis manos, desde Eurípides a Maquiavelo, pasando por Perez Galdós y Agatha Cristie. De todo, palabra. A veces sin criterio. En mis estanterías hay de todo un poco. Son tan eclécticas como mi personalidad. Y no me gusta prestar libros, porque luego no me los devuelven y algunos ya no se editan. Lo que no prestaría nunca sería mi colección original de las tiras de Mafalda, ¡¡¡¡eso si que no!!!!!.
Y por supuesto guardo el primer cuento que me regalaron.

4. Mi color favorito es el azul, en todas sus variantes, así que este premio me gusta mucho, mucho.

5. Soy muy impulsiva para algunas cosas, me lanzo a veces sin pensar en exceso en las consecuencias. Y lo que me prepongo, si sólo depende de mi y de mi esfuerzo, casi siempre lo consigo. Pero en otras cosas lo pienso todo mucho, a veces demasiado y creo que pierdo la oportunidad de disfrutar de determinadas situaciones y vivencias, por plantearme dudas, re-plantearmelas y volvérmelas a plantear.

6. Me encanta la fotografía en blanco y negro. Creo que capta de una forma diferente los espacios y las expresiones de los rostros humanos, dotándolos de una magia especial. Me gusta hacer fotos en B/N, que guardo con cariño e infinita paciencia para mostrar cuando llegue el momento de ser mostradas, explicadas y  comentadas. En casa, los pocos cuadros que hay son fotos en  B/N de los sitios en los que me he sentido especialmente feliz y una foto de cada uno de mis dos hijos.

7. Cuando sea viejecita voy a vivir frente al mar. Voy a pasear descalza por la arena y no me va a importar el tiempo, sea mucho o poco, lento o rápido.

Y ahora paso el premio "Seven things about me" a:

Mairló (la chica que comía margaritas) -- http://suguscafe.blogspot.com.es/
Batallitas de mama --  http://batallitasdemama.blogspot.com.es/
Como no ser una dramamamá - http://www.comonoserunadramamama.com/
Mi mama me canta -- http://mimamamecanta.blogspot.com/
La lonely mama -- http://lalonelymama.blogspot.com.es/
La madre de mi marido y yo -- http://lamadredemimaridoyyo.blogspot.com.es
Aventuras de papás prematuros, nuestra vida con Ariadna -- http://aventurasdepapas.blogspot.com/

lunes, 24 de septiembre de 2012

Puro amor.

¡Te quiero mucho!,  me dice mi niño cuando entro en su habitación a las 06.05 a.m. porque segundos antes ha estado gritando como un poseso:  "mami, papiiiiiiiiii,..., bibbiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii".
Minutito arriba, minutito abajo esa es la hora en la que suena la alarma de mi móvil (no tengo, ni quiero despertador).
Le doy su primer desayuno del día (suelen ser dos) y mientras, me visto. Cuando vuelvo, me mira con arrobo y agradecimiento.
No puedo salir de la habitación sin un abrazo intenso. Varios besos después y una vez intercambiadas varias caricias mutuas, me voy a hacer lo mismo con su hermana, que duerme pausadamente.
Su cara es tan suave, toda ella es tan pequeña y suave que no puedo evitar sobrecogerme de ternura, mientras la miro y simultáneamente acaricio sus mejillas.
Recojo un mechón rizado tras una de sus orejas, sonrío recordando lo minúsculos que eran sus primeros pendientes. La doy otro beso y se me olvida el tiempo deshaciéndome en caricias con ella.
Son niños a los que les gusta el contacto físico. Y yo disfruto de esa disponibilidad que se que no será eterna.
A veces el "rizos" me asalta en medio de la tarde, me abraza y me pide una dosis de amor maternal, que doy gustosa.
Mi "pitu", para no ser menos ella que su hermano, si ve que este me acapara a abrazos, hace lo propio: "un beso,yo, un beso, te voy a dar un beso" (insistente una y otra vez, es muy insistente) y cuando me agacho para recibir mi dulce premio, me da un beso, suave, muy suave y me dice "y un apazo" (=abrazo).




Y me rodea con sus finos brazos, brazos de junco frágil, pero todo fibra ultra-resistente.
Simples demostraciones de amor. Simple, como su cariño. Inmensos, cada uno a su manera en entregar el corazón.

domingo, 23 de septiembre de 2012

Solomillo a la pimienta.

Ya es una realidad. Se acabó. El calor cede terreno, los días son más cortos, las camisetas de tirantes y las sandalias se guardan hasta el año que viene.

Hemos sacado las mangas que nos taparan los codos y los tonos de las ropas se truecan en grises de tarde de octubre.

Mis articulaciones no engañan, llevan días avisándome y yo haciéndome la loca sin querer oír lo que me gritan: ¡¡frío, frío, fríoooooo!

Se acabaron las noches de patio sentada frente al teclado, rodeada de velas anti-mosquitos que no han evitado que me acribillen los bichos. Noches de luces tenues a ras de suelo, música de Mozart y olor a romero. A solas con mi imaginación y mis más que abundantes neuras.

Este verano los patios vecinos han guardado un discreto silencio. Poca gente, pocas cenas al aire libre, poco ruido nocturno una vez que se dormían mis hijos.

Nos ha extrañado la falta de bullicio que nos encandiló los primeros años. La crisis o la desidia han debido ser los responsables.

Hemos visto crecer las ciruelas en el patio colindante, las hemos visto madurar y con desolación vemos como se pudren al sol y ahora al frío.

Hemos hecho la que casi seguro será la última barbacoa. Carne muy tierna y sin apenas grasa, con sabor a tiempo perdido que ya no vuelve.


El sol de la mañana ha sido enmascarado por nubes que anunciaban lluvia. El olor a tierra mojada se ha hecho más patente a la hora del postre.

Al final se ha puesto a llover y el café se ha degustado con pena en el interior.

Es hora de caldos, sopas y cremas en lugar de refrescantes gazpachos y variadas frutas veraniegas.

Aún me resisto a no usar alguna noche más las tumbonas del patio, para ver estrellas trasnochadoras. Todavía no hay orden de recoger y apilar, pero cada vez queda menos para hacer sólo vida de hogar.

Las leves gotas han apagado las brasas, ya no queda fuego. Nada de nada.

El interior se ha vuelto por sorpresa aún un poco más oscuro. En verano para que no entrara excesivo calor y ahora, para que no nos persiga el inminente otoño.

viernes, 21 de septiembre de 2012

Como ser un ángel (Manual del amigo/a perfecto/a).

Siempre he sentido más afinidad con el género masculino y mis mejores amigos han sido hombres o proyectos de ello.

En el cole, las niñas me parecían una panda de cursis y me resultaba más divertido jugar tirada en el suelo a las canicas y las chapas, con los niños del barrio, con mis pantalones y mi pelo corto, en lugar de vestidos de flores rosas y tranzas rematadas por lazos.

En el instituto, me apunté al campeonato de ajedrez y fui la única fémina, porque las conversaciones eran más entretenidas que hablar de ídolos musicales masculinos con mis compañeras de clase.

En la facultad tuve pocas amigas, pero si varios amigos con los que debatía sobre lo divino y lo humano y sobre el sexo de los ángeles.

En mi trabajo actual, la plantilla del departamento donde estoy es 100% femenina, así que hablo muy poco y echo mucho de menos a mi ex-compañero, que para mi desgracia cambió de departamento.

Hay gente que piensa que un hombre y una mujer no pueden ser amigos, porque siempre hay atracción física entre medias que lo complica todo, pero yo considero que son los que mejor te pueden aconsejar de verdad  si lo que llevas puesto te sienta bien o mal, sin herir ni ser despiadados, ni cínicos. Los buenos amigos (o amigas), son los que se van contigo de compras, te miran con ojos críticos y llenos de cariño te dicen que esos pantalones que te quieres comprar te quedan horrorosos y te aconsejan que pruebes con una falda.

Los amigos de verdad, te esperan a que salgas de la peluquería, te miran de frente, te miran de perfil y te dicen que te queda muy bien ese corte de pelo, que te favorece con las facciones de tu cara o que la próxima vez no te dejes dar mechas tan rubias.

Un amigo-a es el-la que te "regaña" sin levantar el tono de voz, te pone los puntos sobre las "ies" si te estás pasando, si estas siendo injusta con tus juicios salomónicos y cuando has terminado de desahogar tu mal humor, te dice (en sentido figurado): "y ahora cállate ya, que me vas a oír..." y te da el razonamiento justo, ese que tu piensas desde hace un montón, pero que no te has atrevido nunca a poner en palabras...

El amigo perfecto (o amiga), te aconseja cuando cree que te estás equivocando, pero no te juzga cuando claramente ya te has equivocado de camino. 

La amiga, la de verdad, deja su hombro a tu disposición indefinidamente, para cuando necesites apoyarte en el. La que se alegra casi más que tu cuando tienes que contarle una buena noticia, aunque sea sobre una nimiedad.

Es el que espera a que hayas cometido el error que querías cometer y no te para los pies antes, porque sabe que vas tan ciega, que nada te hará parar. Y una vez que vuelves llorando después del golpe, te seca las lágrimas para que vuelvas a ver bien lo que tienes delante y luego te regaña como una madre, con firmeza, pero con dulzura.

El que se muerde la lengua, cuando lo que le pide el cuerpo es completamente lo contrario. Pero no por eso deja de hablarte.

Es el/la que te escucha sin cansarse, el que no te interrumpe aunque se aburra de oír siempre lo mismo. El que sólo con el tono de voz ya sabe si estás bien o no, si te domina el cabreo, que sabe si estás contenta o te duele el alma de tanto aburrimiento.

El que te mira a los ojos y ve mucho más allá del cansancio o la falta de sueño.

La amiga perfecta, es ese ángel que lleva años de amistad, a pesar de haberla dejado sola en el pasado, para salir corriendo detrás de un chico que tu pensaste que era el perfecto aderezo a tu vida. La que hablas con ella con menos frecuencia de la que te gustaría, pero que en cuanto suena el teléfono y oyes su voz, sabes que sigue siendo tu amiga, incondicional. La que te quiere y te apoya, infinitamente. La que tiene una caja de pañuelos esperándote para cuando los necesites. La que ríe con tus payasadas. La que rebate tus argumentos absurdos, pero respeta totalmente tus opiniones. La que nunca te falla, aunque estés de un ánimo insoportable.
La que te vuelve a llamar una vez más, para asegurarse de que realmente estás mejor de ánimo que cuando colgó el teléfono, sabiendo que tu ánimo estaba mal en ese momento.


La amiga o el amigo perfecto es el que permanece a tu lado pase lo que pase, seas como seas, una auténtica bruja o un ente desamparado y necesitado de amistad, pero de la buena. Esos son los verdaderos ángeles, arcángeles, principados, poderes, virtudes, dominios, tronos, querubines y serafines, todo en uno.
Todo el cielo condensado en ser (humano).

jueves, 20 de septiembre de 2012

Samaritana.

Es media tarde, la lavadora está centrifugando. El rizos está dormido. La "Pitu" está entretenida con sus juguetes. Yo estoy colocando unos papeles en la buhardilla.
Suena el timbre de la cancela ¿quién será?
- "Mamá, ¿quién viene?, ¿es papá?", dice mi niña. Tenemos pocas visitas, así que no concibe que pueda venir a casa alguien así por las buenas.
-  "No se, no lo creo, está trabajando", contesto mientras bajo los escalones.
Bajo. Insisten en el timbre y descuelgo el teléfono del portero automático.
- "Hola, soy B., ¿me abres?".
-"Claro, mujer, pasa".
- "Es que A. (su santo) se ha quedado sin batería en el coche, se tiene que ir a trabajar. ¿Puedes acercarte con el coche y que cargue la batería con el tuyo?
- "Por supuesto, eso es fácil". 
¿Fácil?, si no tengo ni idea, en mi vida he cargado una batería de coche. Pero para chula yo, así que pre-supongo que su A. si sabe lo que hay que hacer, porque si no, vamos listos.
Para empezar, aunque el coche de mi santo está aparcado a la puerta, valoro las opciones:

a) no se donde están las llaves de su coche (cambian "solitas" de sitio aleatoriamente y no estamos para              andar con jueguecitos de buscar llaves).
b) aunque las llaves vinieran a mi, no se cómo se abre el capó. Si, eso suena a ser una inútil, vale, lo reconozco. Por otro lado, pre-supongo que todos los coches tienen batería (y si no es así, es que soy más ignorante de lo que pensaba).
c) no me gusta conducir el coche de mi santo, aunque se que es útil saber conducir cualquier tipo de coche por lo que se pueda necesitar.

Descartado usar el coche de mi santo, que sería lo más fácil y rápido, la única opción que queda es el mío. Pero..., está en el garaje.
¡No problem!, se saca y listo.
Ala, vamos a buscar las llaves del bolso. Subo otra vez las escalera. Bajo otra vez las escaleras, pero con las llaves en la mano. A todo esto, tengo unas pintas de "maruja desaliñada" que asustan, no aptas para salir a la calle, ni siquiera a la mía, pero..., no estamos como para perder tiempo. ¡Rápido, rápido!.
-"Por cierto, A. tiene pinzas" (pues menos mal, porque no sabía que íbamos a necesitarlas, mira que soy... ¿torpe?)".

Y allí me he ido yo. He sacado el coche del garaje, sin atropellar a nadie y sin que ningún coche me lleve por delante. Me he puesto en paralelo con el coche de A., por supuesto obstaculizando el tráfico de todo el barrio. Y he parado el motor.
- "Hola A."
- "Hola ¿para que paras el motor, mujer?"
-"Ah, ¿que no hay que pararlo?, es que es mi primera vez en estas cosas".
- "Anda, abre el capó que yo pongo las pinzas" Abrir el capó ¿cómo, si ahora no me acuerdo?, menos mal que al final lo he conseguido sin poner cara de tonta.
- "Anda, hija, acelera cuando te lo diga".
Jo, lo que estoy aprendiendo en pocos minutos. Yo que no estoy segura de que todos los coches necesiten batería...
Hemos, perdón A., ha cargado la batería y me he vuelto a mi casa con la sensación de haber hecho la buena acción del día, como lo de ayudar a ancianitas a cruzar la calle, pero sin ancianitas. Pero con la firme convicción de que son muy, pero que muy torpe.

miércoles, 19 de septiembre de 2012

¿Guapa?

Ayer me fui de compras (jijijiji). Eso de que mi rizos haya dado un estironcillo y le quede la ropa demasiado ajustada me dio la excusa perfecta para sacar las llaves del coche del bolso y salir a comprarle trapos para el ya tan cercano otoño: ropa interior (ya tendrá edad en la que se compre sus propios calzoncillos), un par de pantalones de chandall, unas sudaderas y un pijama gordito y colorido, para sus noches destapado, dando mil vueltas en la cama. En definitiva, cosas cómodas y prácticas, que se le quedarán pequeñas en un visto y no visto.

Ya metidos en jardines y teniendo en cuenta que se me está acabando la hidratante de día (con factor de protección solar, para esas estupendas manchas que se oscurecen con la luz veraniega mi cara), me fui a mi tienda habitual para esos menesteres.

La vendedora (nueva) me miró, sonrió cuando le dije lo que quería y antes de darme el producto, me recomendó que para mi edad YA necesitaba otra cosa. No me lo podía creer, acabada de descubrir que en realidad soy de la época de los faraones. ¿se notará mucho?.

Como estoy muy, pero que muy zen, le pregunté: "¿y que me recomiendas?". No se para que se me ocurre preguntar esas cosas. Pese a que yo esbozaba una sonrisa, por dentro me la imaginaba en una piscina de tiburones hambrientos.

Lo dicho como estoy muy zen, muy espíritu positivo toda yo, la seguí hasta el expositor de las hidratantes. ¡Qué universo!, en estas cosas si que hay que hacer un master, intensivo a ser posible.

Se me empezó a desdibujar la sonrisa cuando me recomendó una crema para anti-age; ¿será bicho?, pensé mientras, toda cínica yo seguía sonriendo. ¡Cómo si los años se quitaran a base de cremas con olor a manzana!. Me empezó a  hablar de rellenadores de colágeno para arrugas profundas. Me alarmé ¿de verdad, que yo necesito de eso?.

Debí de torcer el gesto, porque me dijo, así como para arreglarlo, que las mías eran de "expresión". ¡Toma ya!. "Soy todo luz, nada me afecta", repetía yo como un mantra en mi interior, mientras mi boca decía: "Si, es que afortunadamente yo SI sonrío mucho" (borde), esto lo pensé, pero no lo dije.

Me decanté con la "cojocrema", alisadora, revitalizante, efecto lifting, vamos, que te la das y te transformas en "super-diva-divina de la muerte". De vuelta a la caja, me suelta: ¿no necesitas una mascarilla con efecto resplandeciente?.

Respiro, toda zen, mucho zen, mucha luz en mi interior y la miro, de la forma más dulce que fui capaz de mirarla.  O sea, que no sólo tengo arrugas profundas que es mejor rellenar con colágeno (o con cemento, si ya puestos...), ¿además, tengo la cara apagada? pero, ¿que tiene la mascarilla? ¿bombillas de led?
"Es que están de oferta, 2 X 1". ¡Ah, vale, es que tienen excedentes en el almacén, no es que lo esté pidiendo a gritos mi cara!

Declino el amable ofrecimiento, pero la muy ca...pacitada vendedora me tienta con hidrante corporal. "No, muchas gracias, que no lo necesito por ahora" (vamos, maja, que me tienes "suavecita" con tus comentarios).

En fin..., nos dirigimos a la caja, saco la tarjeta de crédito para pagar la crema que me va a convertir en una diosa de la belleza del mundo-mundial. Me cobra ¡bien, ya estamos acabando con este suplicio! y me da un folleto que me permitirá disfrutar de una sesión de maquillaje gratuita. ¡Toma ya, toma ya y toma ya!, además de "arrugada y apagada", encima no me se maquillar.

No se si llorar o morderla en la yugular. No, estoy muy zen, "soy toda luz y nada me afecta", me repito hasta la saciedad. Me regala, muy amablemente unas muestras de pinta labios mini. ¡Ay, y yo pensando en como matarla, sin con dolor o con sufrimiento!.

Salgo de la tienda con una sensación extraña, no se si debería estar triste por ser como un edificio veneciano (casi hundida) o ilusionada porque a partir de ahora voy a ser luz por dentro y por fuera (voy a resplandecer sin una sola arruga, de "expresión" y voy a estar lo siguiente a guapa).

Y lo malo de estas cosas, que voy meditando en silencio en el coche mientras conduzco, es que siempre acaban de la misma manera: atracando la caja de los bombones. Anoche se acabaron las existencias. Y encima ya no estoy tan zen.

martes, 18 de septiembre de 2012

Respira, respira.

Hay veces, cuando te falta el oxígeno, cuando ves que el aire no llena tus pulmones y tus latidos se vuelven agitados y duros, que necesitas sentirte rodeado de naturaleza.

Ver como las copas de árboles centenarios se mecen por el viento, te ayuda a tranquilizarte y a tranquilizar tu mente. A aplazar decisiones inaplazables y a madurar el otoño de lo que vendrá en breve a tu vida.



El silencio sólo roto por la voz de los niños, pocos paseantes en una tarde de domingo de finales de agosto y una fina brisa humedecida por el cercano Tajo. Cañas, patos lentos amodorrados por el calor del final de la tarde, de andares pesarosos, acompañando a pesarosos pensamientos.


Altas copas de árboles, que me hacen sentirme aún más pequeña cuando los miro desde su base.

Luz que se filtra entre sus hojas y la calma, esa calma que me hace sentir como se ralentiza la rabia. ¡Qué no habrán visto estos jardines de El Príncipe!


Un gato salta asustado entre la vegetación que lo cobijaba, mi niño se asusta más que el felino y busca refugio entre mis piernas. Le acaricio el pelo para tranquilizarlo y se abraza aún más fuerte, nervioso. Enseguida sigue con sus juegos, saltando y corriendo divertido. Es tan miedoso como corta es su experiencia en la vida. Sus temores son proporcionales a su estatura, simples, pero para el son descomunales.


Mi independiente hija, está empeñada (y lo consigue la mayor parte del tiempo) en recorrerse sin ayuda las avenidas de tierra prensada. No quiere "no poder" y cae una y otra vez y una y otra vez se levanta, a veces con llanto como música de fondo de sus avances, otras dura, como sólo ella es capaz de ser dura, sin una sola queja, en silencio y sin lamentos. ¡Cuanto tengo aún que aprender de ella!


Dicen que se parece a mi, pero a escala. Y si, pequeñas, menudas y obstinadas, así somos ambas. Nos caemos, pero nos levantamos y seguimos. Avanzamos con paso incierto, pero no dejamos de avanzar. La sigo mientras miro como apoya "en equino", como trata de mantener el equilibrio y como progresa.

La tarde se desliza, yo hago fotos a los haces de luz que me atraviesan como dagas, que me dañan las retinas, que me gustan tanto. Busco silencios, respuestas que no llegan a mis plegarias a gritos, mientras me cuesta no arrastrar los pies, con cansancio infinito de calor que abrasa, que contrasta con el frescor de la frondosa vegetación.


Nos encaminamos a la puerta  para volver a casa y no quiero, quiero quedarme un poco más. Y quiero volver a pasear en buena compañía. Quiero mirar y ver lo que me gusta ver. Quiero sacudirme el polvo que se cuela por mis sandalias, quiero ser "La condesa descalza".