jueves, 17 de octubre de 2024

Tu propia corona.

 

¿Cuánto tiempo más te queda, reina? Tú pones el límite, tú decides cuando.

Te pueden decir lo mismo más alto, con palabras aún más amables, pero lo que es, es. Y ya sabemos el argumento de la película.

Te puedes guardar las lágrimas, mentirte diciendo que puedes con todo y más. Pero llegará el día. Y lo sabes.

Las nubes pasan veloces, unas más grises que otras. Te gustan las nubes blancas, pero las cartas que te han barajado en esta partida, son así. Es tu realidad.

Un peldaño más, sin tener claro si es hacia el universo de Dante o al soñado mundo de la normalidad.

¿Qué es peor? ¿el desengaño o la tristeza de la cotidianeidad? A veces, es mejor no pensarlo. Queda camino por delante. Siempre puedes refugiarte entre líneas. Negro sobre blanco. Hasta el negro te parece bonito. 

La decepción pesa, pero, ¿Qué esperabas?. ¿Que en el reino de tu universo particular, en tu mundo de fantasía, todo fuera perfecto?.

Espabila. Ya estás acostumbrada a esto. No hay nuevo bajo tu bóveda celestre. Las estrellas que admiras, pobre mortal, sólo están en tus sueños. Esos que crees que se terminarán cumpliendo.

Pero no me hagas dramas, que esto no es vital. Tu suspira. ¡Y continúa!, que es lo que mejor se te da.

Sabes que no puedes quejarte. Relativiza. Otros te dan verdaderos ejemplos día a día.

Corta tu pelo. Cómprate algo de ropa que cambie por fuera tu aspecto. Toma aire. Date impulso. Y sobre todo, ajústate muy digna tu corona.

¡¡Va por ellos!!

miércoles, 27 de marzo de 2024

El tramoyista de La Fenice

Amaneces antes del amanecer. Tuyas son las llaves que van abriendo los caminos, los senderos del alba.

De paso sigiloso, como si no pasaras. Parece como si no existieras, con huellas apenas perceptibles, pero existentes. Tenues y reales a la vez.

Así trascurren las minúsculas perlas de arena del reloj infinito. Eternos, como algunos días. Una sonrisa. Una ayuda que facilita. Eres el apoyo que alivia la carga.



Tu vida entre bambalinas, para que otros se luzcan en cada aria. Existes tras el telón. Sin apenas voz. Sólo muecas que aparentan sonrisas. Gestos de cordialidad. Mudo e invisible. Pero presente. Silencioso e invisible. Pero siempre ahí.

Mueves los invisibles hilos que hacen todo gire y se mantengan, que fluyan los ríos cotidianos. Todo sigue en movimiento y tu te endureces en piedra. Se te va la vida en ello.

Mientras, la vida avanza y tu retrocedes en el tiempo. Ese en el que pobre iluso, te soñaste director de tu orquesta. Y el tiempo pasa, nadie apenas escucha tu son, pero tu sigues tirando de los hilos. Tu melodía no es ya la que brilla.

Van transmutando los actores, se encenderán de nuevo las luces de una nueva función. Y tu serás sólo un peón en el tablero. Unas veces ejercerás de blanco, otras quizás te toque volverte negro. Un nuevo acto se estrena.

Y tu te sientes viejo y cansado para mutar a bufón de corte trasnochada. Demasiado rápida para seguir al galope los pasos. Trepidante. Estéril de valores.

Miras de reojo al tenor. Tampoco te acomoda el papel de la soprano. No son los oros ni los brillos los que estimulan tu ego. Sólo ansias el amor tranquilo de las noches eternas de verano. 

Lanzas una mirada furtiva. Ya apenas nada te satisface. No necesitas destellos ni el fulgor de la admiración. No son para ti las riquezas. Sólo lo que siempre ha sido infinito y que alimenta el universo. Lo que nutría tu vida y ahora tanto echas de menos.

El cuerpo ya no pide. No reclama caridad alguna. Ya no espera ni la bondad de las migajas de tiempo. Sigues arrastrando tus pies. Y todo sigue girando. Y lo seguirá haciendo cuando te sustituya el próximo tramoyista. Y tome posesión del que aún es tu reino.


Cuando se apaguen las luces para ti y caiga tu telón. Y sólo seas olvido en la memoria de nadie. Y te extingas. Todo tú y tu recuerdo.

miércoles, 6 de marzo de 2024

Ábreme los ojos

Ábreme los ojos y cierra de una vez el alma enfadada.

Muta el desasosiego y déjame ver el rilar de la luna sobre la mar reflejado en tus pardas pupilas.

Ábreme los ojos y enséñame a mirar el otro lado de las cosas. Las que no son aburridas. Las que sólo se repiten un instante.

Camina por fin, rozando la palma de mis manos, mientras la fina arena busca acomodo en nuestros pies.

Ríndeme a la evidencia y la necesidad.

No dejes que sea raíz de laurel asustado. Ni me fuerces a huir de nuevo.

                                    

 Paciencia es tu virtud, para esperar el momento, que parece no querer terminar de llegar.

La parca ronda y jugueteamos con la incierta oportunidad.


lunes, 1 de enero de 2024

Incipit vita nova

Eso creemos, pero en realidad es mentira. Hay mucho de mentira en algunas de las cosas que escuchas y dices estos días.

El cinismo y las miserias de las relaciones humanas se disfrazan de buenismo, bajo un manto de cordialidad. Pero en contadas ocasiones es verdadero.

El brillo de las lucecitas de colores no consiguen hacer palidecer a la envidia y al egoísmo. Te toca la familia que te toca y con eso te tienes que aguantar.

Pero valen infinitamente más los abrazos con cariño, del de verdad, del que se hace desde el corazón, que la obligación de apreciar a los que comparten genes.

Son valiosos diamantes de cariño, las sonrisas y los apretones de manos de esas almas amigas, las que te sacan una sonrisa cuando se te ha encogido el corazón por no tener a nadie de tu sangre al que te apetezca felicitar al inicio del año.

Si me entristece constatar que ya no tengo más lazo familiar con el que poder contar o confiar,  la culpa es sólo de quien de tanto perdonar y dar otra oportunidad, ha perdido la cuenta. Quizás porque no quiera darme cuenta que la realidad es la realidad, aunque me de perfecta cuenta de lo evidente.

Da igual el 31 ó el 7, da igual julio que diciembre. El vacío es el mismo. La decepción no es nueva.

Cansada de tender puentes, que se lleva un día si y otro también, la misma cantinela del río.

Y a pesar de los pesares, de que ya se fue hace tiempo quien leía en mi mirada lo que mi alma pensaba por rara que fuera, a pesar, hay abrazos que reconfortan de ese vértigo infinito.


Hay miradas de estrellas imperfectas, que aunque sean somnolientas, fijan sus ojos en tus ojos y te devuelven la ternura. Y la confianza, confianza en que aún te quedan muchas ganas de seguir adelante. De dar, una vez más, un poco más de ti sin esperar nada a cambio. Como siempre ha sido.

Sólo una caricia en el rostro y se frena el otro río, ese que no brota entre los párpados, pero que sigue fluyendo constante.

Sólo una sonrisa al despertar. Otro suspiro y a seguir hacia delante. Porque todo comienza de nuevo, cada día, en cada respiración.

lunes, 25 de septiembre de 2023

Por la calma que transmites.

Si creyera en algo, debería dar las gracias. En mayúsculas, SIEMPRE.

Cuando vuelvo la vista atrás y hago un recorrido de mi vida. Cuando pienso de donde vengo y hasta donde he llegado.

Cuando pienso en mis orígenes y en todos los esfuerzos que hicieron para que fuera la mujer en la que me he convertido, manteniendo la visión de la niña imaginativa de siempre. La forma en que me educaron, las vivencias que moldearon mi carácter.

Todos los acontecimientos negativos y cómo los he ido afrontando. Como me ensañaron a no depender, de nada ni de nadie.

A no aferrarme, ni al pasado ni a sueños estériles.

Y en esas casualidades, en las que no creo, hicieron que me llamara el pasado. Algo que había intuido que alguna vez pasaría, como otras veces en mi vida, volvió a mi existencia con fuerza.

Gracias a ello, ha resurgido la necesidad. La imperiosa necesidad de volver a crear. De moldear lo que ronda mi mente, de dotar de expresiones, lo que brota de un corazón contenido y de una mente en constante ronroneo, de felina inquieta.

La inmensa suerte de volver a revivir, de ver con otros ojos a la misma gente que compartió los primeros años de mi rara existencia de mortal.

Me doy cuenta de la infinita suerte de seguir viva, de disfrutar del aire que nutre mis pulmones, que oxigena mi cerebro para que sigua bullendo, maquinando planes.

De disfrutar del placer de mirar las nubes y que pase el tiempo. De la suerte de estar conectada al mundo, mientras saboreas un té.


De los pequeños detalles de los que te quieren y te conocen, que arrancan una sonrisa mientras dejas fluir la vida, cualquier tarde de otoño.

Cuando te das cuenta que tu presencia sigue viva en el recuerdo de otros. Que de alguna forma, también formastes parte de su vida. Que alguna vez fuiste algo importante para alguien.

Que detrás de las caras y las sonrisas, hay una vida sorprendente. Que todos han tenido y tienen sus historias que contar, interesantes, enigmáticas.

Soy afortunada. Mucho. Porque he disfrutado y estoy dispuesta a seguir disfrutando. Y debo aprender a ser más agradecida. Y menos tímida para verbalizarlo.

Porque los demás pueden ver ahora mi cara divertida, la fase serena de mi vida. Esa que transmite calma.

lunes, 17 de julio de 2023

 De la necesidad y otras virtudes inconfesables.


En la era del hedonismo, del tedio de los deseos que inmediatamente han de ser satisfechos, de la insatisfacción por quererlo todo y no tener realmente nada.

Nacemos, hijos del deseo y nos convertimos en estrellas fugaces de una vida que pasa rápida ante nuestros ojos. Nacemos de la necesidad de llenar vacíos de corazones esperanzados. Y nos dejan indefensos, ante un universo, en el que no hemos elegido vivir.

Afortunados los que vivimos intensos momentos de risas compartidas y de lujuria a escondidas en tardes de verano, en los que el sudor de la piel recorre la espalda y te hace estremecerte hasta el desmayo. 

Afortunados los que lloramos con intensa amargura por los dramas del primer mundo, porque así creemos valorar más las ínfimas parcelas de felicidad con las que nos conformamos. Migajas de placer, de posesiones materiales que en realidad no valen nada, si no se disfrutan, sin no se comparten.

Momentos de la luz que todo lo abrasa y lo ilumina, esa luz que nos saca de los sueños y nos arrastra a las pesadillas.



Afortunados los que aún tenemos anhelos de fundirnos en un mar que nos alegra, nos reconforta, pero no nos ahoga. Un mar que nos da energía para aguantar la inaguantable y perentoria obligatoriedad de seguir respirando.

Nos hace suspirar su recuerdo, cuando para otros es muro húmedo que los separa de su sueño y su esperanza.

Vida para unos, muertes para otros muchos.

Felices sólo con mirar profundo a los ojos. Y saber que no hay distancia que mate la ilusión de una vida mejor unidos.

Afortunados de saber que una sola caricia alegra el triste alma de quien no tiene más que la fuerza justa para seguir luchando.

Y nos aferramos al día a día, a resistir por resistir. Sin saber cuál es el sentido. Nos conformamos con la supervivencia.

Afortunados los que disfrutan cuando se sumergen en historias de otros, para matar el tiempo y no pensar en sus propias desgracias, porque al menos no piensan, no se autolesionan el alma.

Lo llaman vida. Para esto, amor, tu y yo tenemos otro nombre.





domingo, 22 de abril de 2018

Ha tocado a clamor en Pesquera

Esa tarde de lunes de abril, siguiendo a pie tu último viaje, mi incultura de urbanita que cree que todo lo sabe sobre la vida, aprendió otra lección más.

Gente que te conoció y te apreciaban, me contaron que habían mandado tocar a Clamor por tu partida, en tu pueblo de origen. Lo había oído muchas veces, pero desconocía que tuviera ese nombre.

También tañeron las campanas en el pueblo que te acogió durante tantos años.


                 


Y las puertas de donde tantas veces subiste a orar, se abrieron para ti.

                     

Dentro estábamos los que te éramos próximos. Todos los que podían aún andar, subieron a acompañarte. Hasta los que fueron tus "enemigos", los que jugaban las partidas de cartas en el único bar tarde tras tarde y tu familia.

Sentada en el primer banco, mi ojos iban de tu féretro cubierto de flores a la luz que entraba por la puerta, abierta de par en par sobre los campos verdes a rabiar bajo el sol de primavera.


La belleza de la tierra renaciendo tras el invierno acoge lo que la vida dejó de tu cuerpo. Entre viñedos y pinares está lo que la Parca llevaba mucho tiempo esperando a descomponer.

Ahora entiendo porqué amabas tanto esta tierra. 

Resististe como lo hacen los hombres duros de Castilla. En silencio, pero sin dejar de luchar por mantenerte.

Te fuiste muy despacito.

En esta tierra de vinos se cría algo mucho más valioso: hombres buenos. Como lo fuiste tú.

domingo, 27 de agosto de 2017

Hastío

¡Qué bien se está de vacaciones! 

Y cómo se disfrutan esos momentos en los que la prisa se hace a un lado y sólo queda tiempo para disfrutar del tiempo, para satisfacer la voluntad de hacer sólo lo que dicta tu voluntad.

Se paladea golosamente, aunque tenga estado perecedero. Aunque se sepa que es así.

Se archivan las sensaciones en el cajón de momentos a recordar toda la vida, sobre todo si se viven con intensa satisfacción interior.

Y se van. Más rápido de lo que siempre nos gustaría, sobre todo si han sido... un placer o un puñado de pequeños placeres.

Pero llega el momento del retorno a la "normalidad ". Y todo a tu alrededor se torna adverso, sobre todo si te ha sabido a poco.

Y así estoy yo (sin ti, como en la canción de Sabina, más triste que...), sumida en un profundo "no se muy bien como llamarlo", pero "como el perfume del desengaño" (ponle tú la música y los acordes).

Harta de los anuncios de la vuelta al cole y de los coleccionables absurdos de cada inicio del otoño.

Cansada de ir perdiendo día a día el tono moreno de mi piel (bicolor), conseguido a pulso contra los temidos radicales libres que amenazaban con ponerme escarlata.

Me disgusta que cada día haya un minuto menos de brillo solar. 

Me fastidia que cada vez falte menos para Navidad. 

Que otra vez haya que empezar. 

Que volvamos a las extra escolares y haya que ir con hora, con la lengua fuera, a todos los lados. 

Me incomoda tener que volver a sacar del armario los ropajes de colores acordes a la mustia estación.

Me asusta que vuelva el frío y con él, el temible dolor intenso de cada rincón de mis molidos huesos.

Me aterroriza que no haya alicientes ilusionantes en el día a día. Que sólo haya obligaciones de obligado cumplimiento.

Me aburren los programas del corazón donde se suceden hasta la saciedad las noticias de embarazos, nacimientos, separaciones conyugales, tórridos amores de pseudo famosos de medio pelo y disputas familiares de oscuros intereses monetarios. 

Me repugnan las noticias. Y los programas de entretenimiento para mentes vacías de criterios. 

Me producen indiferencia las películas en el que el argumento siempre es la eterna lucha de malos contra buenos, aunque sea con el amor de telón de fondo.

Y todo eso sin que el sonido del mar vaya mitigando mis torvos pensamientos.

Sin que pueda disponer de tiempo para liberar espacio de esta olla a presión que amenaza con explotar si no la libero a través de las palabras, que atropelladas buscan su lugar para darle sentido a todo esto.

Me produce una tremenda indolencia las conversaciones, mantener las buenas maneras y la compostura. 

Y me evado pensando en futuros destinos, en una huida hacia delante, donde no tenga que ocuparme de nada, salvo de sentir.

Como si eso fuera a liberarme de esta sensación que me estremece y donde ya casi nada me importa en exceso.

No sé si esto es lo que se denomina "síndrome post vacacional", pero me va a costar mucho mantener el tipo y que no se note en exceso que lo que siento hace meses es un profundo hastío vital.

Va a ser ... muy duro.


lunes, 7 de agosto de 2017

Chan eil fios agam ciamar a ghairm

Tu que naciste de mi incesante necesidad de crear. Y que de los, siempre pocos momentos compartidos, te fuiste abriendo paso muy dentro del corazón, hasta convertirte en un bien necesario.

De los malos tragos de la vida, de la venganza del rencor, ya pasado, fue brotando algo creativamente bueno. El más maravilloso de los regalos: el de aprender a convivir con la felicidad que me provocaba tu compañía, aunque tuviera que ser necesariamente intermitente, la mayoría de las veces, muy a mi pesar, muy intermitente.

Me adentré en las aristas de lo prohibido. Te enseñé más de mi de lo que debiera. Y me gustó vivir en el doble filo del peligro.

Pero debí convertirme en laurel, para que no me alcanzaras. 


Y aún así, dejé que me rozaras y ya no pude metamorfosearme del todo. Y ahora ha brotado de la nada, uno en mi jardín, como en el jardín que te descubrí para sorprenderte. Una vez más.

Llené mis palabras de ternura, dulces mimos del intelecto. Me dejé llevar por mis aguas, allá río arriba. Varias veces. Aunque fuera contra corriente. Y cada vez me importó menos dejar al aire mis escamas.

Y aún hoy en día, sin querer que sea así, cada instante de mi pensamiento vuela a tu lado. Porque un buen día puse mi corazón en tus manos, para que lo amaras y lo cuidaras como a algo único. O para que lo despedazaras sin piedad con tus críticas.

Y elegiste...

Ya van pasando los años. Pero sigo sin tener muy claro, de que matiz es el color de tu elección.

lunes, 15 de mayo de 2017

Ozú

Era muy fácil enamorarse de ti, porque rezumas elegancia por todos lados. Cada rincón de ti es bonito lo mires por donde lo mires.


Tus sencillos detalles, esos que no todos aprecian, a mi me tienen fascinada.


Porque las cosas bonitas, son las que se viven día a día.


Los secretos que se esconden tras tus rejas.



Majestuoso tu porte. Elegante. Único. Especial en toda tu grandeza.


Tus rincones. Tus sorpresas...


La belleza que explota en tus primaveras. La luz, el aroma, el calor que desprendes...


Tus secretos cotidianos. Los despertares en tu atmósfera única.


Viendo pasar ante tus ojos el día a día de otras vidas, con sus "tragis" y sus "comedias".


Esos atardeceres junto al río que nos lleva, reflejando en sus superficies los brillos, los destellos, tu luz.
Porque añoro pasear por tus rincones...


Y porque añoro el encanto de cenas por compartir algún día.


Ya se porque hablan de tu "embrujo", quien te ha conocido.







sábado, 25 de marzo de 2017

Earrach

Estás ya entre nosotros, aunque no lo parezca.

Te esperaba ansiosamente, como el que espera al ser querido frente a la puerta de llegadas de cualquier aeropuerto: se abre la puerta, pero no terminas de ver frente a ti a quien has esperado largo tiempo.




Te empecé a celebrar con el alma encedida en verde.


Estás aquí, aunque se nos hiele un poquito el corazón últimamente. Y amo lo que significas. La luz que sé que me traerás a mi vida. Las ganas de respirar, de salir, de moverme, de suspirar, de disfrutarte con intensidad.

Añoraba tus días. Soñaba con la calidez de tus noches. Has llegado, pero parece que no quieres permanecer del todo.

Eres como el amante esquivo, que no se queda permanentemente en tu lecho y huye de madrugada. Y esperanzada me mantengo expectante, porque sé que tarde o temprano llegarás con tus explosiones, de color, de risas, de nuevas tareas.

No olvides que te espero. 



                        Siempre impaciente.

jueves, 9 de marzo de 2017

Nunca esto es lo que parece.

Desde lejos parece que el sol te baña y te da esa singularidad que te hace único entre los que te rodean.

Pero si me acerco a ti lo suficiente puedo ver que eres en realidad algo diferente entre tanta normalidad.

No es que brilles, pero destacas.

Eres sencillo, eres bello.

Tienes algo que atrae. Y mi curiosidad de fémina felina hace que me aproxime a ti, entre extrañada e incrédula, que te mire, que te observe, que me prende de tu desnudez.

Quiero tocarte, pero un muro nos separa. Quiero rozarte con mis dedos, para ver si eres del todo real. Pero mis manos quedan lejanas de ti. Una verja me lo impide.

Y sólo puedo admirarte perpleja.

Las apariencias engañan, dicen por ahí.

Me he prendando de ti y quiero conservarte en mi retina. Momento único para el recuerdo.

Te guardo en mi archivador de imágenes especiales. Hasta que la memoria nos separe.

Mientras tanto, mientras no cambies, mientras siga pudiendo verte al menos un momento cada día, mientras no te envuelva el disfraz que te cubre la mayor parte del tiempo, me acerco y me recreo en tu color.

Hasta que deje de poder verte así y te vea de otra forma. 


O ya ni siquiera te vea.

domingo, 22 de enero de 2017

Existe un lugar...


Existe un lugar donde la magia tiene fondo blanco. Donde el silencio se rompe con la cadencia de las pisadas sobre nieve virgen.



Donde se paró el tiempo por un rato y sólo existió por unos minutos la suave calma del cariño y la complicidad. Donde las ilusiones pueden exhalar vapor de agua y sólo el cuerpo sentir frío.

Es allí. Donde las piedras de otros tiempos siguen contemplando la historia repetida, a través de las estaciones.

Sonidos de una mañana de frío. De silencio, casi perfecto.

Un punto de inflexión. Diferente. Divertido. Una parada necesaria. Allí donde los pájaros continúan con su vida de pájaro. Mientras que al otro lado del puente todo rueda como siempre. Y a este otro lado, no sólo se siente por fuera.


Todo sería perfecto si tuviera las llaves que abren el mundo al calor de unas brasas. La llama siempre encendida, esperando tu llegada. Esa que no se apaga, porque es la verdadera.

Por una vez sin prisas, sin reloj que mida el tiempo que nos limita. Despertar sin tener nada que nos obligue a hacer.

Por fin calma. Sólo calma. Por fin. Sin tener que posponerlo más.

Y mientras sigo esperando. Mientras se va fundiendo el material dorado del que se harán esas llaves. Las que abran el universo. Ese en el que cerraré las puertas tras mi espalda.


sábado, 31 de diciembre de 2016

Operación repollo féliz

Adiós al año de los cambios radicales de vida. Los de ya nada será lo mismo jamás.

Y a pesar de todo me había propuesto no cerrar el año, ni amargada ni triste. Ni contagiar de mi tristeza vital a los que están orbitando en mi misma dimensión interestelar.

Busqué el árbol de Navidad más grande que cabía en mi comedor. Lo adornamos. Llené de adornos la escalera.

Fuimos al campo a recoger piñas. Las pinté y adornamos el jardín de gotas plateadas. Y toda la parafernalia.

Me había propuesto ser un repollo feliz. 


Y aunque por fuera lo aparente, el que sabe mirar detrás de lo que los ojos esconden, sabe la verdad.

Y el tiempo sigue corriendo.Tic-tac-tic-tac.


Tiempo de descuento para seguir buscando la felicidad. ¿A que esperas para rozar con los dedos la tuya?

viernes, 16 de diciembre de 2016

La impronta de los besos

Cuando piensas en el beso con mayúsculas, ese que no podrás olvidar hasta el último de tus momentos ¿en que beso piensas?

¿Recuerdas ese primer beso sabiendo que muchos primeros besos siempre serán memorables?

El beso tierno de tu madre antes de dormirte, con caricia en la frente incluida. El que siempre recordarás como la primera muestra de amor recibida. Esos besos que ahora recuerdas con cariño y tristeza porque sabes que nunca más podrás dar y recibir y ya sólo los tienes en el segundo cajón de la mesilla, el cajón de los recuerdos.

El primer beso apasionado, ese que te dejó sin respiración y casi sin consciencia, ese que te hizo levitar dos palmos por encima del suelo y hacer que se te desdibujara el horizonte. Ese que te hizo perder la noción del tiempo y la realidad. Ese que recuerdas con una sonrisa y con cierta nostalgia.

Y ese primer beso de tus hijos. El que te hizo incontrolar las lágrimas de orgullo. Ese beso que te hizo sentirte a la vez tan grande y a la vez tan inseguramente pequeñita. Que te llenó de babas y restos de papilla la cara. Pero que se pegó a tu corazón con tanta fuerza que no hay nada que lo iguale.

El beso final, el de compromiso y cortesía, cuando ya sabías que eso no era amor y la siguiente parada era la de la despedida.

Los besos de costumbre, esos que se dan en piloto automático y no significan nada. Los que nada unen y solo separan un poco más. Esos que te aburren y te dan tanta rabia, rabia de dar, rabia de recibir.

Los besos de alegría por el reencuentro con una vieja amiga, a la que quieres, a la que aprecias. A la que desde hace años está en tu vida y tu en la suya. 

Esos primeros besos que nunca son los primeros pero que siempre, siempre, siempre, son únicos. En los que te recreas y te refugias. Los que saboreas. En los que te sumerges. En los que te dejas llevar. Esos que anhelas. Los que deseas que se repitan. Esos que disfrutaste de principio a fin cada vez que se han producido, aunque haga ya tanto tiempo, que parece que fueron hace un siglo. O dos...


domingo, 11 de diciembre de 2016

Hijos del silencio.

¿En que momento de la noche la niebla fue creciendo hasta enturbiar los sueños?

Despiertas de madrugada, quizás sean las cuatro o quizás ya hallamos llegado a las cinco, vuelves a hacerlo presa del sudor y de las pesadillas que no recuerdas.

Vuelves a rendir tu cuerpo a lo inevitable, sin un movimiento, porque te aterran las consecuencias. Y vuelves a caer, de nuevo.

El día se inicia otra vez raro. La luz no es la habitual para la hora. Al otro lado del cristal la niebla a invadido cada rincón. Ha dejado mudos a los pájaros.



Los hijos del silencio se desplazan perezosos. Esos mismos que sabes que recorren tus entrañas a cada momento.

¿En que eslabón del tiempo se rompió todo esto?

Vuelves a estar presa de lo que tanto siempre te asustó, sin casi poder defenderte. Todo lo abarca. Todo lo transmuta, convirtiéndote en lo que no quieres.

Cambia tu percepción de la vida y hace que abraces el futuro con recelo. Tamizado por la niebla que ensombrece la mañana, a la espera de que la luz se abra paso poco a poco y te deje ver los matices bajo otro color diferente. Uno que no sea el gris blanquecido que todo lo envuelve.

El frío se ha colado por todas tus rendijas, de pies a cabeza. Y también te ha enmudecido. Porque no tienes más de ti que dar a estas alturas.

¿En que momento se empezó a helar el corazón para convertir a otros en desconocidos al otro lado de la niebla? Heridos de silencio y de distancia.