sábado, 19 de mayo de 2012

Sólo con los dedos.

Cuando realmente tomé conciencia de la grave deficiencia visual de mi hija, una vez superada la tristeza inicial de pensar que habría infinidad de cosas en el mundo que no iba a poder ver bien, que no iba a poder disfrutar de los paisajes que yo veía, lejos de rendirme, traté de agudizar mi ingenio y darle una vuelta a mi imaginación, para compensar esa carencia.

Vale, no ve, ni verá bien. 

                                                                            

- "Para lo que hay que ver", me decía con cariño P., la persona que la cuidaba por aquel entonces cuando nosotros no llegábamos a tiempo del trabajo, para animar mi desconsuelo.

El ser humano es básicamente visual en su relación con el entorno que le rodea, es claramente la principal fuente de información sobre la realidad del mundo en el que se mueve.

Pero desdeñamos la importancia del resto de los sentidos. Así que me informé y traté de tener una formación básica sobre musicoterapia, aromaterapia, etc. Y empecé a trabajar con ella el tacto. 

Al principio era tremendamente reticente a tocar nada, encogía las manos y para ella era una estimulación aversiva. Pero yo soy más cabezona que ella y al estilo de "El milagro de Anne Sullivan", salvando todas las distancias, empecé a trabajar la técnica de la aproximación sucesiva (moldeamiento). 

En un primer momento reforzaba positivamente (de forma verbal) cualquier contacto ocasional con los objetos. Con la meta bastante lejana todavía, empecé a colocar diferentes muñecos cerca de sus manos y además de efectuar seguimientos visuales, potenciaba cualquier contacto táctil con juguetes, blanditos y suaves, principalmente.

Nos llevó su tiempo, las semanas y los meses iban cayendo. Una vez consolidado el hecho de tocar cosas sin que se sintiera amenazada, empezamos a trabajar con texturas diferentes.

Y aprovechaba cualquier circunstancia para que experimentara: telas, cojines, caras, suelo, paredes, pelo... Aún recuerdo los paseos de vuelta a casa, cuando tras volver de trabajar, iba a buscarla a la Escuela Infantil y por el camino le iba nombrando lo que íbamos a tocar: un coche, una pared de piedra, el hormigón, los ladrillos de las casas, las metálicas farolas, los rugosos troncos de los árboles, todo era etiquetado y por supuesto, tocado.

Poco a poco fue alargando de forma voluntaria las manos para acercarse a tocar su mundo más cercano. ¿La meta? que percibiera a través de la yema de sus dedos, lo que el resto percibimos con los ojos.

Con el afán de saber como la que tiene nombre de marca de cerveza egipcia, sentía las cosas a través de sus pequeñas manos, empecé a tocar lo mismo que ella, empecé a percibir el mundo con otra "visión" distinta. Gracias a ella, empecé a descubrir el universo del contacto. 

Y me gustó, me gustó tocar bolas de papel de aluminio, de notar como cedían amables bajo la presión de mis dedos, los discos desmaquillantes de blanco algodón, la temperatura de los cristales de casa, la suavidad de las paredes de la escalera, el frío del mármol de los escalones, la viscosidad de la mermelada e infinidad de cosas de la vida cotidiana, que pasan ante nosotros sin que nos percatemos de ellas.

Volví a experimentar la maravillosa sensación de la piel caliente al ser acariciada, la suavidad de los melocotones, el frío doloroso del hielo, la cera tibia de las velas recién apagadas, todo, absolutamente todo lo que estaba a mi alcance.

Trasmuté el mundo en una maravillosa sinestesia, gracias a ella. Y lo que en un primer momento me pareció un handicap, lo hemos transformado con el tiempo en otra rica experiencia vital.

Así, en mi último viaje a Santiago de Compostela, ya con ella, al colocar mi mano derecha junta a la suya, sobre el parteluz del Pórtico de la Gloria, sentí a través de la piedra, el latir del corazón de millones de peregrinos que habían hecho ese mismo gesto antes que nosotras, durante cientos de años.

                              


La misma sensación que al tocar las paredes del interior de la pirámide de Menkaura (Micerinos), mientras descendía a su interior. Y la indescriptible sensación de respeto, al tocar la cúpula del Vaticano, mientras ascendía por su estrecha escalera, sujeta a una dura  y áspera soga. 

Gracias a ella, hoy en día sigo disfrutando, tocando cada cosa que está al alcance de mis dedos.


jueves, 17 de mayo de 2012

Celos.

Hemos tenido en casa la siempre agradable visita de una amiga, con su niña, una preciosidad de bebé que ahora tiene 6 meses, un diente y que promete... promete ser "movidita".

Me ha encantado su mirada curiosa y sus carcajadas cuando mamá jugaba con ella, lo suavecita que es y como huele a dulce. Y esta visita me ha permitido observar como mis niños sentían celos por la invasión de territorio.

A mi, siempre un bebé me hace resurgir mi instinto maternal, que últimamente vuelve a estar más acentuado. Y con una pequeñaja en casa, tan bonita, no he podido por menos que cogerla en brazos desde el minuto cero. Al principio mis niños han sentido la normal curiosidad por las recién llegadas, pero pasado un rato, viendo que no soltaba a la niña y que no paraba de darle besitos, mi hija ha empezado a ponerse más cerca de la bebé, con la intención de explorarla con más comodidad.

Pasada la primera hora, viendo que no la soltaba ni de broma, he empezado a llamar la atención y luego quería que la soltara yo y la cogiera otra persona, para poder subirse encima de mi y que la cogiera a ella en brazos.

Los celos son una respuesta emocional normal, un estado afectivo en el que prima el miedo a perder, total o parcialmente el cariño y la atención de alguien querido y que te quiere. Ese miedo a que ese ser al que quieres, prefiera a otra persona, a la que ves como un rival, es normal en los niños, cuando consideran que son menos queridos que antes.

Suelen evolucionar bien, aunque algunos "destronados" tardan en aceptar la nueva situación, por ejemplo cuando llega un hermano. 

Mi hija ha sentido alivio, cuando ha visto que salía por donde había venido, camino de su casa. El peque simplemente se  ha asegurado que se marchaba, acompañándola personalmente hasta la puerta.

No querían compartir a mamá, aunque fuera sólo un ratito. Me consideran suya, en cuerpo y alma, ¡que egoístas!.


martes, 15 de mayo de 2012

Mucha agua.

Hoy me he enfundado mi "Arena" azul nuevecito, mi gorro Speedo negro y he disfrutado del agua como hacía tiempo.

Este cuerpo no es lo que era, pero me ha importado todo eso, o sea, nada de nada. Fuera complejos, no estoy "divina de la muerte", pero como no lo he estado nunca...

No conocía el sitio, aunque hacía tiempo que lo había visto al pasar por la carretera, era la primera vez que entraba, pero me ha gustado mucho. Hemos estado en: http://www.thermasdegrinon.com/termal.cfm

Conozco varios spas y es un estilo al mítico Caldea de Andorra. Es grande y está bien organizado. Bueno, reconozco que me ha descolocado un poco que el vestuario fuera mixto (con cabinas individuales para cambiarse, of course), pero nunca he sido puritana. Me he calzado, como el resto, unos horrendos patucos obligatorios y ¡¡a disfrutar!!.

A las 10.00 ya había bastante gente, se notaba que hoy era festivo en la capital. El recorrido empezaba con diferentes chorros de agua a presiones y temperaturas diferentes para diferentes paquetes musculares: desde los tobillos a la nuca.  Pero como siempre, he tenido el mismo problema: el mundo está pensado para gente de estatura media y los que no llegamos a esa media sufrimos situaciones peculiares. A mi, algunos de los chorros me llegaban 20 cm. por encima o por debajo de donde se supone que deberían llegarme y palabra, que 20 cm. de diferencia, bromas a parte, son muchos centímetros. Para entendernos, los chorros que deberían llegarme a los glúteos me masajeaban las lumbares.Y los de las dorsales, me masajeaban la zona cervical como si fuera una "Fräulein" masajista cabreada. 

De la piscina central he salido con la espalda más roja que una sueca en Benidorm (y no era la única). En la zona del Lago de Cristal, me ha costado mantenerme firme de pie, porque la presión del agua me empujaba constantemente, agarrada a las distintas barandillas he estado lo más digna posible.

Vuelvo a insistir, mi escasa estatura me ha causado algún problemilla, porque literalmente me llegaba el agua al cuello en algunos sitios si me sentaba. En las camas oxigenantes por poco me ahogo, si me hubiera llegado a tumbar en ellas, ahora no estaría escribiendo (deberían replantearse que la estatura mínima para acceder a las instalaciones sea 1.10 cm).

De ahí, al primer grupo de yacuzzis, el Yacuzzi Trébol y luego, como una pedazo valiente, a la cascada de nieve, que seré pequeñita, pero me atrevo con todo (aquí si que no hacía pie, así que sin quererlo me he sumergido entera en agua con-ge-la-daaaaaa), menos mal que es buenísimo para la circulación y lo he agradecido primero en el baño turco y luego en la sauna finlandesa.

Continuando el circuito, me he relajado de lo lindo en la sala de cromoterapia (a diferencia de Caldea, donde sonaba música chill-out con pajaritos, la ambientación musical era mejorable), traducción: yo no hubiera puesto ese tipo de música ¿a quién se le había ocurrido lo de la samba instrumental?. Una vez descansada, a los jacuzzis zen. Y ahí si, con tanta burbuja de agua calentita me he sentido como un garbanzo en una olla cociendo, bajo la atenta mirada de las reproducciones de los Guerreros de Xian.

Tras pasar por el pediluvio, a la zona de termas romanas (un estilo a "Medina Mayrit) y sin cortarme un pelo me he sumergido en los 14º del Mar Índico para pasar a la salinidad flotante del Mar Muerto, que de todos, son los que más me han gustado, tanto que he repetido varias veces.

Casi para rematar, la zona del circuito de duchas. Lo confieso, he pegado un grito en la escocesa que parecía la de "Psicosis", eso de chorros de agua fría, muy fría y templada... hay que tener mucha entereza para salir de ella con una sonrisa.

Como había tiempo (era un circuito de 3 horas), he vuelto a la cascada de nieve (soy a veces un poco masoquista) y tras refrescar mi piel con escarcha de hielo ¡¡toma ya!!, al baño turco, para abrir los poros de la piel bien y más cromoterapia.

Por último, me he tumbado a descansar a las camas de infrarrojos, rodeada de cocoteros (artificiales, pero tan bien hechos, que sin mis gafas de miope parecían reales). Ahora se lo que siente un huevo cuando lo están incubando: calorcito, agradable calorcito.

Y para finalizar la experiencia: un masaje relajante en la espalda, de media hora. Casi levito, ya no tengo la espalda tan contracturada. A mi, que no me gustan ni las joyas, ni el marisco y por supuesto, no me gustan las pieles, me ha parecido el regalo perfecto.

Pero estoy A-G-O-T-A-D-A, si es que la buena vida cansa mucho.


15 de Mayo.

Según el Código Civil español:

Art. 66
El marido y la mujer son iguales en derechos y deberes.

Art. 67
El marido y la mujer deben respetarse y ayudarse mutuamente y actuar en interés de la familia.

Art. 68
Los cónyuges están obligados a vivir juntos, guardarse fidelidad y socorrerse mutuamente.

Fue un sencillo acto jurídico, completado con el consentimiento mutuo y la firma del acta, en el que no hubo intercambio de anillos porque no se sentía la necesidad de mostrar ante los demás nada que no se viera reflejado en nuestras caras. En su lugar se intercambiaron velas, que acabaron fundidas en única cera esa misma noche.

No hubo arroz, hubo estrellas plateadas y azules, estrellas que descendieron sobre cabezas y el césped de nuestro escenario.


No hubo tarta nupcial, pero no faltó el toque dulce, ni las risas, ni el puntito nostálgico de quien ve ante sus ojos como una hija ha crecido de repente y ya no es una niña.

 No hubo caros vestidos, sólo un sencillo diseño propio, no pasé mis últimas horas de “soltera” transformando mi aspecto en una peluquería, no necesitaba sentirme “reina por un día”, me peiné y me maquillé sola, como sigo haciendo cada día, mientras contestaba SMS de felicitación.

La música era nuestra música favorita, los participantes sólo familiares directos, pero con muchos amigos presentes en el corazón.

No necesitamos fotógrafos que inmortalizaran cada sonrisa, ni poses ensayadas, ni más rituales, ni nada más.  Sólo sencillez, sólo había amor.

Sin focos, pero con luces de velas. Con la única promesa de compartir el tiempo.

En un jardín, rodeados de las primeras flores de mayo, de ese mayo de 2004.

domingo, 13 de mayo de 2012

La inaguración.

Qué el tiempo está cambiando, ya nadie lo duda y que está haciendo calor como si estuviéramos ya en pleno verano, es evidente.

Por eso este fin de semana, he desembalado la mesa, las sillas y las tumbonas que tuvimos que comprar, cuando sus antecesoras de plástico murieron la pasada temporada. Las he dejado como una patena y le he dado un repaso al patio para empezar a disfrutar al aire libre del buen tiempo.


La ventaja de tener un patio, aunque sea pequeño, es que cuando se puede, se disfruta del estilo de vida mediterráneo: calle, aire, sol...; los niños pueden jugar en él sin peligro y han empezado las cenas tranquilas contemplando como nos sobrevuelan los aviones destino a pista de aterrizaje, disfrutando del lento anochecer y viendo como destacan las primeras estrellas.

La vida de verano así, es como un gran patio de vecinos, se oye lo que no quieres oír y eso nos ha proporcionado innumerables momentos jocosos; te oyen aunque tu trates de evitarlo y compartes el sonido de cenas familiares, informativos en televisores a excesivo volumen y olor a barbacoas (algunas desagradablemente preparadas con queroseno, grave error ¡donde esté la leña!...).

Capítulo aparte se merecen las noches de tumbonas a la luz de las velas, escuchando como poco a poco se apagan los sonidos de vida cotidiana, mientras se disfruta de una brisa nocturna que aleja a los inoportunos mosquitos, que me acribillan sin piedad por tener la sangre tan dulce.

¡¡No se puede estar tan rica!!, bromeo sin modestia alguna.

Y así estoy aquí, pasada la medianoche del primer fin de semana del ya cercano verano. Con el ratón inalámbrico (no me apaño sin él) a la derecha y una caja de bombones a la izquierda (esta noche no hay piedad, no me voy a conformar con uno, van a caer todos, no quiero resistirme).

Como música de fondo tengo los maullidos de un gato blanquinegro, que me mira curioso, encaramado a la valla, más lejos aún se escucha algún niño aún despierto y muy lejano, el ruido de los coches que entran en el pueblo.

Soy afortunada por disfrutar de esta calma, de esta temperatura, de este cielo estrellado, del olor de tomillo, del romero y de la tenue luz de nuestros faroles.

No tengo sueño, me niego a que el cansancio del ajetreado día me impida disfrutar de esta calma que también parece de otro mundo, aunque sea un mundo más modesto y más cercano a la capital del reino.

martes, 8 de mayo de 2012

Perpleja.

Después del baño y ya con el pijama puesto, mi hijo se ha ido corriendo a la habitación de su hermana, ha abierto un mueble y ha sacado una mochila. Cuando he ido a ver que estaba haciendo, temiéndome la peor de las trastadas, me ha soltado una contundente frase: "M. (sólo obtengo el título de "mama" si la fiebre le ataca), ponme la mochila, aquí a la espalda, que tengo que salvar el mundo".

He levantado la ceja sorprendida y le he preguntado arrodillada a su altura: "¿Vas a salvar el mundo? ¿tu solito?", toda incrédula. "Si, yo puedo". Y se ha ido corriendo a su habitación a contárselo a su hermana.

Mientras me ponía en pie y le veía marchar a toda velocidad, he sonreído pensando en que mi hijo es un bonsái de héroe, con más ingenuidad que altura, lo propio de un niño que hoy cumplía dos años y siete meses y por supuesto, con toda la inocencia propia de su edad. Afortunadamente.

Me ha recordado uno de mis personajes favoritos de "Barrio Sésamo" (el otro es el Conde Draco y su cohorte de murcielaguillos):


Me he imaginado a mi hijo como un tierno héroe de andar por casa, que tiene la suerte de pensar que con una simple mochila en forma de gato y vacía, se pueden solucionar los problemas de su pequeño mundo.

No he conseguido quitársela hasta ahora, de hecho está dormido con la mochila puesta, tampoco he querido insistir demasiado ¿para que le voy a quitar la ilusión de pensar que lleva las soluciones para la humanidad a sus espaldas?

En realidad es así, sobre sus espaldas y sobre las de miles de niños de su edad recae la responsabilidad de mejorar el mundo de dentro de unos años. Lo que sus cabezas piensen y creen serán las soluciones de mañana.

Si yo tuviera que llenarle esa mochila, la llenaría de sentido común, de sensibilidad hacia los demás, de firmeza en las propias convicciones y poco más, porque la ilusión por creer que lo pueden arreglar todo, de la forma más sencilla, esa ya la lleva él puesta. El resto, ya lo irá haciendo la experiencia en la vida.

sábado, 5 de mayo de 2012

Celebro la renuncia.

Cuando una mujer decide tener, además de otros títulos, el de madre, empieza una carrera de renuncias voluntarias, pero continúas.


Cuando tienes confirmación de que dentro de tu cuerpo hay más un corazón más latiendo, la vida ya te cambia. En mi caso, ya antes de que lo supiera con certeza, lo primero que hice involuntariamente fue cambiar de postura al dormir, dejé de estar de cúbito prono, no sé muy bien porqué y empecé a dormir de lado. Y empecé a sentir la responsabilidad por el ser por el que siempre te sentirás ya responsable.

Bastantes meses antes había dejado de tomar calmantes para mis continuos problemas óseos, aprendí técnicas para aumentar el umbral del dolor y aprendí a convivir con los molestos efectos colaterales de múltiples intervenciones quirúrgicas.

Renuncié a tomarme unas cervezas, empecé una alimentación aún más sana, tomé infinidad de ácido fólico, progesterona y vitaminas, tomé litros y litros de leche con calcio, en definitiva, traté de llevar una vida de lo más tranquila, empecé a prepararme psicológicamente para una nueva etapa de mi existencia y a reestructurar una casa para acoger nueva vida.

Observe maravillada como cambiaba mi cuerpo, como se transformaba mi pecho, como aumentaba mi cintura, como dejaba de valerme mi ropa talla 34-36, según fabricante, como se transformaba hasta mi piel, como se dibujaba la “línea alba”, como brillaban mis ojos de felicidad.

Incluso sustituí temporalmente mi ropa interior por una más cómoda, pero mucho menos favorecedora; en la última etapa pre madre hasta mis camisones parecían tiendas de campaña.


No me importaron las nauseas, los calambres ni el insomnio, no me importaba sentirme mal.

Llegó el día en que me convertí en madre y fue lo contrario a lo esperado y soñado. Entonces descubrí la renuncia mayor que iba a tener que vivir,:renuncié a ver hecho realidad el sueño tal y como lo había imaginado.

Tenía muchas lecciones que aprender a partir de ese momento y la fundamental, como siempre ha sido, me la dio mi madre. ”Mamá J”, como me gusta referirme a ella, hizo lo que una madre hace por sus hijos: me acogió en su casa para que estuviera más cerca del hospital donde estaba mi hija, me cuidó, nos cuidó, se encargó de nuestras comidas y nuestra ropa, de atender por mí las llamadas de teléfono, para que yo me recuperara y sólo me tuviera que ocupar de mi niña. Aunque ella no estuviera en condiciones, sacó fuerzas y sólo pensó en ayudarme.

Me abrazó con inmenso cariño, con cariño de madre doliente, cuando me derrumbaba inconsolable, llorando amargamente sobre la mesa de la cocina. Me consoló con cariño cuando no encontraba consuelo en las noticias que recibíamos.

Me dijeron que tenía que intentar la lactancia materna y empecé a extraer leche para ella, de día, a ratos entre visita y visita a la U.C.I.N., de noche, mientras que todos dormían y la preocupación no me dejaba dormir, con tanto entusiasmo que conseguí tener hasta 47 litros en tres congeladores diferentes, en innumerables bolsas de “Medela” de 250 c/c, convenientemente etiquetadas.
Ya con ella en casa, renunciamos a dormir, cada dos horas había que darla de comer, con biberón, incluso con jeringuillas y a cucharaditas, todo con tal de alimentarla. Cada vez que vomitaba, me volvía a extraer leche y volvíamos a empezar (no tenía fuerza para succionar), el ejemplo de “mamá J.” me daba fuerzas para seguir, ella no se rindió conmigo, yo no me podía rendir con mi descendencia.
La falta de tiempo me hizo renunciar a ver a mis amigos, a salir, a ir al cine, de compras, a las agradables y largas conversaciones telefónicas, los días de vacaciones se invirtieron en días de citas médicas. Las prioridades cambiaron, renuncié a mi desarrollo profesional, a volver a estudiar cosas que en otro tiempo me gustaron y aún me gustan, a disponer de tiempo para leer, incluso dejé de tener tiempo para cuidar mi aspecto y mi persona.

Fueron renuncias voluntarias, de las que no me arrepiento, pero que han marcado el cambio de mi carácter y mi forma de ver mi realidad ahora. Y que van a cambiar mi futuro, mis decisiones.

Muchas madres renuncian a su parcela como mujer, para cuidar a su prole, renuncian a las clases de Pilates para llevar a extraescolares a sus niños. Se ven en la obligación de renunciar a salir a cenar con los amigos si no tienen quien vigile el sueño de sus hijos. Su prioridad no son los escaparates de ropa femenina, sino los de ropa infantil. Ven más interés en los “Pabloskis” que en los “Pura López”.

Mi madre renunció por sus hijas a muchas cosas, no por sentirse obligada a ello, pero si por sentirse impulsada a ello, por ese impulso generoso que se siente cuando ya no eres sólo una mujer, por esa sensación maravillosa que te da la Naturaleza, cuando te conviertes en madre.

miércoles, 2 de mayo de 2012

Sin premeditación.

Con la malsana intención de agotar a los incansables vástagos y no tenerlos todo el puente metidos en casa haciendo diabluras, salimos de casa el martes, que para eso era festivo y el cielo no amenazaba diluvio.

La idea era aprovechar que siempre se despiertan muy temprano, darles el desayuno, empaquetarles en el coche y poner rumbo al sur. Para llevarnos la contraria, no se despertaron a las 7.01 a.m., que últimamente es lo habitual, lo hicieron como hora y media más tarde, pero daba igual, para un día que no había que ir contra reloj todo el rato, no importaba. Finalmente salimos de casa sobre las 11.


A las dos horas, el "tete" no podía más: "pis, pis, M." (no me llama mamá, él me llama por mi nombre de pila). Rápidamente hubo que parar a la derecha, en un camino rural. Aliviada su mini vejiga, el iluso urbanita nos preguntaba por la cadena del wc ¡¡pobre!!, tiene que salir más al campo.

La siguiente parada, después de que el conductor se perdiera y yo me mordiera la lengua varias veces para no hacer ningún comentario al respecto, fue nuestro primer destino de la jornada: a comer en el Parador de Almagro.

El lugar me pareció precioso, de todos los Paradores a los que he ido a comer, este es el segundo que más me ha gustado. Nos encaminamos al silencioso comedor, silencioso hasta ese momento. Estaban un par de familias más con niños; no era tarde, pero primero comieron los niños, que se portaron fenomenal, para lo que son ellos.

Disfruté de la copa de Gran Fucares y los entrantes, que para eso no me tocaba conducir, también  lentamente la de Rueda Blanco, fría; pero sobre todo disfruté de la comida: me supo a gloria el salmorejo con huevo de codorniz y el postre, una rica bizcochada almagreña.

Insisto, los niños no se portaron excesivamente mal, para lo que son ellos. Aun así, el  jefe de comedor suspiró aliviado cuando pedí la cuenta y mientras pasaba la tarjeta de crédito, me confesó sonriente que los niños se habían portado mejor de lo que hubiera esperado.


Luego fuimos a ver los patios del Parador, tranquilos y silenciosos hasta ese momento.

 
Patios tranquilos, inmaculadamente cuidados.

 
 Insisto, patios tranquilos que volvieron a rebosar tranquilidad en cuanto nos marchamos.
 
El olor de los jardines, incrementado por la breve lluvia de horas antes era una maravilla.

Con los ojos cerrados trataba de identificar los diferentes árboles y arbustos, sólo por su olor.



Luego, a cada paso, una calle de encaladas fachadas.
Una sorpresa, contra el cielo semi nublado.


Hasta que nuestro pasos desembocaron en la  Plaza Mayor, con sus siempre atrayentes balcones, escondiendo secretos tras sus cortinas.





  

Los niños corretearon, no suelen estar acostumbrados a espacios abiertos tan grandes, donde tener libertad para moverse sin ser motivo de preocupación para nosotros.

Y yo pude fotografiar instantes, columnas, gentes, edificios y las cruces de mayo, que se habían celebrado por la mañana.
   
No pude evitar la tentación y como ultimamente me autoconcedo pocos caprichos personales, terminé sucumbiendo en una tienda de artesanía típica y me decanté por un par de caminos de mesa bordados, para agasajar a algún incauto invitado, con una bonita puesta en escena. No suelo darle mucho aire a la tarjeta de crédito, pero reconozco que esta semana ya me he pasado varios pueblos, si es que no se puede salir...

Y ya para acabar el día, nos llevamos a los peques a un pueblo cercano, según te pierdas o no por el camino, a Manzanares, a merendar a la sombra del castillo de Pilas Bonas, con la esperanza de que alquilaran mazmorras, pero no, no hubo suerte, ahora es una hospedería, una lástima...

miércoles, 25 de abril de 2012

El enigma.

Hace tiempo que no voy (el último intento no tuve paciencia y abandoné la cola), me refiero al El Prado.
Cuando era "single ladie", mis sábados por las tardes los dedicaba o a pasear por calles tranquilas del centro de Madrid y hacer fotos de edificios singulares, o a empaparme de arte, visitando museos.
Sin lugar a dudas, mi preferido es la pinacoteca por excelencia.
Lo primero que hacía nada más entrar era calarme mis gafas de miope y encaminarme (aún me se de memoria el recorrido) a la sala 56a.
Y una vez plantada ante la tabla de roble mejor utilizada del mundo, me dedicaba todos los minutos que los múltiples turistas me permitían contemplar tranquila, sin interferencias visuales y tontos comentarios, a disfrutar del que es para mi el mayor enigma de interpretación de la pintura y por supuesto, mi obra favorita con diferencia sobre el resto:


Que en 1500 (d.C.) una persona tuviera la "imaginación" suficiente para plasmar en un oleo estas imágenes es un tanto desconcertante. Podía pasarme el tiempo muerto contemplando sus detalles y asimilando sus diferentes mensajes y pensando en un refrán flamenco que dice que " La felicidad es como el vidrio, se rompe pronto".
Me extasiaba contemplando las tres etapas de la vida por las que todos pasamos en algún momento de la existencia, del paraiso al infierno y en medio de todo, los placeres de la vida, los placeres mundanos.
Y lo efímero de la vida.
Los vigilantes de la sala me miraban con aburrida curiosidad. Luego me iba a visitar "La Anunciación" de Fra Angélico a la sala contigua y en cada visita la dedicada a un pintor concreto o la exposicón temporal que tocara. Pero antes de irme, antes de salir del edificio, como despedida, volvía a "El jardín de las Delicias" y lo echo de menos.

martes, 24 de abril de 2012

Miedo.

De pequeña compartía habitación con mi hermana, que no soportaba a la hora de dormir ni el más mínimo atisbo de luz. Por eso yo dormía en la cama cerca de la puerta, para poder escudriñar la luz que se colaba por debajo de su rendija.

Cuando ella abandonó el hogar paterno para tener su propio hogar, mi cama estuvo al lado de la ventana y tumbada en ella, con la persiana subida, me dormía pidiendo estrellas, en noches sin luna ni nubes. Así, la luz del amanecer acompañaba los primeros pensamientos del día, cuando tenía suerte de poder despertarme después que el sol. Otras veces me dormía con la tele puesta, para no sentirme sola y a oscuras.

Después cambié de cama y de casa, pero esa sensación no desapareció con la compañía y a pesar de dormir al lado de la ventana nuevamente, no era suficiente.

Por eso, un farol con una vela se enciende cada noche en la habitación, frente a la cama, en alto y con seguridad de que sólo va a dar brillo. Para que una luz tenue me acompañe hasta que me venza el sueño.




Si me despierto (últimamente siempre es lo habitual) y la vela ya no tiene fuerza para lucir, ya no vuelvo a dormirme.

Me giro sobre mi lado izquierdo y miro la luz que entra por la ventana y pienso que no sólo es miedo de niña inmadura a la oscuridad, porque es una sensación que se extiende como mancha de aceite a múltiples facetas de mi vida: miedo al daño que puedan sufrir los que más quiero, miedo a un futuro desconocido como supongo les pasa a todos, miedo a no tener controlado el máximo de cosas controlables, miedo a lo inesperado y en definitiva, miedo a lo que significa la vida.


Sólo viento.

Cuando por las noches el viento fuerte azota por igual tejados y pensamiento y no deja lugar a los sueños, pienso en los Colosos de Memnon.




Esos gigantes que vi hace años. Fría piedra, insensible y muda, esperando ansiosa al turista ocasional que la saque del olvido y la devuelva a la ilusión de la vida y de un esplendor pasado.

Esa piedra, esperando inútilmente cambiar de sitio, anhelo que sólo se cumplirá por voluntad de otros. Aguantando el sol de un desierto impasible, aguantando el inexorable transcurrir de días de aislamiento. A noches de silencio y estrellas lejanas. Sin más compañía que su mudo gemelo de piedra.

Las noches de viento, me transportan a sus pies, para escuchar el viento silbando entre sus grietas. A un frío desierto de noche, abrasador aire de día. De tormentas de cruel arena, que se incrustan en sus rendijas y que abren brechas cada vez más profundas. Grietas que terminarán por destruir lo que creó la mano del artista, del ser que a base de paciencia y golpes sacó de bloques, dos estatuas, que permanecen juntas, una al lado de la otra, por los siglos de los siglos, hasta que el desgaste los destruya.

El sueño de Egipto se desvanece, día a día.

lunes, 23 de abril de 2012

Tempus tacendi, et tempus loquendi.

Todas las cosas pasan con el tiempo. Y así debemos arrojarnos en brazos de la Providencia.

I.         Omnia tempus habent, et suis spatiis transeunt universa sub caelo.              
       Todas las cosas tienen su tiempo, y por sus espacios pasan todas ellas debajo del cielo.
                        
II.       Tempus nascendi, et tempus  moriendi. Tempus plantandi, et tempus evellendi quod plantatum est.
       Hay tiempo de nacer y tiempo de morir. Tiempo de plantar, y tiempo de arrancar lo que se plantó.

III. Tempus occidendi, et tempus sanandi. Tempus destruendi, et tempues edificandi.
      Tiempo de matar, y tiempo de sanar. Tiempo de derribar, y tiempo de edificar.

IV. Tempus flendi, et tempus ridendi. Tempus plagendi, et tempus saltandi.
      Tiempo de llorar, y tiempo de reir. Tiempo de plañir, y tiempo de bailar.

V. Tempus spargendi lapides, et tempus colligendi. Tempus amplexandi, et tempus longe fieri ab amplexibus.
     Tiempo de esparcir piedras, y tiempo de recogerlas. Tiempo de abrazar, y tiempo de alejarse de los abrazos.

VI. Tempus acquirendi, et tempus perdendi. Tempus custodiendi, et tempus abjiciendi.
      Tiempo de ganar, y tiempo de perder. Tiempo de guardar, y tiempo de arrojar.

VII. Tempus scindendi, et tempus consuendi. Tempus tacendi, et tempus loquendi.
       Tiempo de rasgar, y tiempo de coser. Tiempo de callar, y tiempo de hablar.

VIII. Tempus dilectionis, et tempus odii. Tempus belli, et tempus pacis.
         Tiempo de amor, y tiempo de odio. Tiempo de guerra, y tiempo de paz.


El libro de Ecclesiastes. Cap. III
(La Biblia Vulgata Latina)



El lema de la familia Malatesta rezaba así: "Tempus loquendi et tempus loquendi" y así está reflejado en la pantalla de mi ordenador, en el trabajo, para cuando me entran tentaciones de abrir la boca.

sábado, 14 de abril de 2012

Mas lista que el hambre.

Según "San Google bendito":

El término inteligencia proviene del latín intelligentia, que a su vez deriva de inteligere. Es una palabra compuesta por otros dos términos: intus (“entre”) y legere (“escoger”). Por lo tanto, el origen etimológico del concepto de inteligencia hace referencia a quien sabe elegir: la inteligencia posibilita la selección de las alternativas más convenientes para la resolución de un problema.  Un individuo es inteligente cuando es capaz de de escoger la mejor opción entre las posibilidades que se presentan a su alcance para resolver un problema.



La inteligencia pueden clasificarse en distintos grupos según sus características: la inteligencia psicológica (vinculada a la capacidad cognitiva, de aprendizaje y relación), la inteligencia biológica (la capacidad de adaptación a nuevas situaciones), la inteligencia operativa y otras. En todos los casos, la inteligencia está relacionada a la habilidad de un individuo de captar datos, comprenderlos, procesarlos y emplearlos de manera acertada. Quiere decir que es la capacidad de relacionar conocimientos y conceptos que permiten la resolución de un determinado conflicto.

Si partimos de la definición de inteligencia biológica, en mi casa vamos a aumentar en este índice al menos dos desviaciones típicas sobre el nivel de origen, porque últimamente y a una velocidad un tanto vertiginosa, hemos tenido que adaptarnos a cambios en nuestras rutinas con un simple chascar de dedos.

El "tete" va a tener que madrugar durante aproximadamente un mes y empezar su jornada escolar a las 7.30 a.m., ¡pobre!.  La "pitu" también va a levantarse como las gallinas y va a ir a la ruta por las mañana con alguien diferente a su padre como hasta ahora; las compras de intendencia se van a trasladar de las tranquilas mañanas a las tardes o cuando se pueda. Papá se lo va a pasar de lo lindo en los atascos mañaneros... Y lo único que no va a cambiar es que mi despertador va a seguir sonando a la misma hora, pero no voy  a ser la única en casa que va a levantarse prontito.

Y lo mejor es que no tenemos opciones para elegir la mejor posible, tiene que ser así y será. ¡Amen!.

Suerte a tod@s los que tienen que adaptarse a los cambios en su vida y no tienen opciones para elegir.

miércoles, 11 de abril de 2012

Origami flowers

El karma se cumple, tarde o temprano y no tenemos escapatoria. 

Y el mio no iba a ser menos, así que todos los trabajos manuales que no hice en mi etapa escolar los estoy haciendo en mi etapa de madre con hijos en edad escolar (me han contado que las madres de adolescentes y pre-adolescentes tienen otras "tareas" no menos entretenidas).

Durante los últimos cuatro años he hecho casilleros con las fotos de los niños, he bordado su nombre en sus babis, carteles con flores para el día de la infancia, tomates con globos de agua para aprender el color rojo, estrellas de plastilina para el Portal de Belén y un extenso y variado etc.

Lo último es esto:  



Es curioso lo que se puede hacer con cartulina de colores, unas tijeras y un poco de pegamento. Todo es cuestión de ponerse a ello, tener claro lo que quieres hacer, dedicarle un poco de tiempo libre y habilidad al doblar y volver a doblar. Bueno, la práctica hace mucho y este es el resultado del primer intento.

sábado, 7 de abril de 2012

Al fondo a la izquierda, según se sale de Madrid.

Viernes Santo, 6.50 a.m., suena una alarma de emergencia nuclear (no, no es broma) a todo volumen. ¿qué pasa, por favor???? Con el corazón en la boca doy un salto en la cama. Lo primero que pienso es que han vuelto a entrar a robar en casa y es la Policía. Con un susto de muerte en el cuerpo, una taquicardia flipante y desorientada me doy cuenta de que es la nueva alarma del despertador de mi santo.

Esta vez se ha superado, ahora si que odio su smartphone. A mi que me gusta despertarme poco a poco me parece que no tiene ni pizca de gracia. Mal empezamos el día. Mientras vuelvo a apoyar mi cabeza en la almohada pienso en 1027 maneras diferentes de asesinarle con gran dolor y sufrimiento. Torquemada a mi lado parecería una ursulina.

Después de desayunar y dejar todo recogido nos ponemos en camino hacia nuestro destino del día: la Ribera del Duero. Nuestra intención inicial la noche anterior era salir como muy tarde a las 8, son más de las 9 y aún no están los niños en el coche. Lo normal desde que hay niños en casa.

¡Venga, buen rollito nena, ignora sus protestas, ponte el cinturón que por fin salimos!.

Atravesamos Madrid por la M-30 dirección norte, no hay tráfico, lo que es normal dada la hora y la fecha, los que fueran a salir de vacaciones ya salieron el día antes. Antes de llegar a El Molar ya toca la primera parada para "el tete", que está ya sin pañal desde inicios de semana y necesita ir al wc.

Hace un frío helador, las nubes amenazan agua o algo peor. Reanudamos el viaje. Vemos la primeras quitanieves aparcadas en los arcenes de la nacional y sonrío ¡¡que exagerados!!. Mucho antes de llegar a La Cabrera ya vemos la nieve de cerca, antes habíamos visto a la izquierda las montañas nevadas. 

Seguimos avanzando, el paisaje es de postal y seguimos a una máquina que va esparciendo sal.



La ventaja de viajar es cambiar la rutina y disfrutar del paisaje. Nos nieva, pero nieva fuera y somos felices espectadores. Pero enseguida empieza la niebla y ya no se ve nada.


Pasado el Puerto de Somosierra ha dejado de nevar, los pinos están salpicados de un fino manto blanco. La belleza de lo que observo es enorme. Me deleito en cada imagen, capturo alguna de ellas.


Poco a poco la nieve pierde terreno frente a la tierra roja de Castilla, la primavera no está tan avanzada como en el sur donde habito. Aún así ya se vislumbra el verde brotando.

 


Pasamos pueblos, pequeños reductos de vida tranquila. Seguimos avanzando, fuera la temperatura tiene signo negativo. Ya queda poco, pero aún queda otra parada, el "tete" tiene necesidad de seguir con el culete seco y nosotros necesitamos algo que nos caliente por dentro. Paramos en un sitio nuevo, no en nuestra parada tradicional cuando vamos por estos lares, muy bonito, de estilo muy cuidado.

Veo algo que me gusta y lo capturo, esta vez no sólo para mi memoria personal.


Las verjas de hierro me recuerdan a "el espíritu castellano", al carácter de las gentes nacidas en estas tierras, que te hacen ser duro, resignado ante la adversidad del tiempo y fuertes, para resistir las inclemencias del clima y de la vida.

Nuestro trayecto de dos horas está llegando a su fin, estamos cerca de la casa familiar, puedo volver a admirar las vides, de hileras infinitas y perfectas y las construcciones de las nuevas bodegas, con denominación de origen. En cada viaje al pueblo político noto como se incrementa mi amor por estar tierras, que me cautivaron por su esplendor en la primera ocasión, que me dan lecciones de vida en cada estación en la que vuelvo.

Después del ritual familiar y antes de comer, subimos cerca del páramo, a la vuelta, a solas con la cámara y el silencio, me enfrento al resurgir de los árboles que ya identifico y conozco. Bellos paisajes, bella serenidad.


El clima de la tarde empeora, después de comer llueve, graniza y nieva. Es hora de partir, esta vez, el volante es cosa mía. En el camino de vuelta hay de todo menos un tornado: lluvia, granizo, nieve, niebla...


 y sol según vamos hacia el sur. La estación de La Pinilla está espectacular, la nieve resplandece con la luz del sol de la tarde.


Voy concentrada a medias en el tráfico, a medias pensando en la vida de las gentes que viven en los pueblos de alrededor. La "Pitu" no ha parado en todo el trayecto de gritar contenta. El "tete" lleva dormido todo el trayecto. Me duelen los oídos, el frío se ha instalado en mis huesos. Mi espíritu está tranquilo, mis resoluciones claras.

Estoy deseando aparcar a la puerta de casa y que los niños estén durmiendo para poder sentarme a escribir de nuevo. Mañana será otro día.



domingo, 1 de abril de 2012

Mucho bicho es lo que hay.

Pensé que este año nos libraríamos, pero no. Las de la rima de Becquer han vuelto como lo llevan haciendo los últimos seis años.


Y no es que me importe tener un trío en casa (no viene una pareja, vienen tres), lo que me inflama es que estos ocupas con plumas, donde se empeñan año tras año en construir su nidito es justo encima del farol de la entrada. Así, al entrar y salir te encuentras con los restos de su digestión. Además, cuando salgo al amanecer para ir a trabajar, se despiertan, levantan el vuelo y casi dormida me dan cada susto que no veas. 


Mira que tienen un montón de sitios mejores en nuestro tejado donde anidar y procrear, pero no, les gusta el calor de nuestra bombilla de la puerta. Así que no nos queda más remedio que tratar de impedir que se adueñen del espacio, pero al final nos rendimos y se quedan unos meses tan felices con nosotros.


Pero no son los únicos habitantes, tenemos un par de salamanquesas acomodadas entre la hiedra, que huyen despavoridas cada vez que riego (otras que no han sabido buscarse un sitio mejor), algún que otro ratoncito de jardín, que en verano escucho pero que no veo ni tengo intención de ver y varios hormigueros en las jardineras.


Es lo que tiene  vivir en el pseudo-campo, hay bichos. Algunos son simpáticos como los erizos que viven en el descampado frente a casa, tan graciosos como los del anuncio de seguros y los gatos callejeros que atraviesan la valla trasera. Otros no tanto, como las arañas, las avispas, los saltamontes gordos, los mosquitos que me acribillan las noches de verano,  unas cosas raras verdes que vuelan, los murciélagos que revolotean cerca de las luces del patio y los mirlos negros de pico naranja que me despiertan aún de madrugada.


Como yo quería campo...

Agradecida y emocionada

He recibido un premio de Laura Nogueras (http://mimamamecanta.blogspot.com.es/) , que es una preciosidad:
Estoy doblemente agradecida:  por el premio y lo que significa para mi ego bloguero y también por lo mucho que estoy aprendiendo de música contigo, ¡¡¡gracias Laura!!!.

Como aceptar un premio significa responder a las preguntas del cuestionario, vamos a ello:

1. Si el nombre de tu blog ya hubiera estado ocupado... que otro nombre le hubieras puesto?
Para el que tenía pensando en un principio alguien se había adelantado, así que tuve que darle una vuelta de tuerca y la verdad es que el nombre alternativo se amolda totalmente a lo que yo quería.

2. Serie favorita de televisión
Vivo con un" serie-adicto" y veo cada cosa..., pero con la que llevo años disfrutando es con "Mujeres Desesperadas", una lástima que sea la última temporada. También "Urgencias" cuando estaba George (laaaargo y profundo suspiro).

3. Dónde y cómo conociste a tu pareja
En Madrid, fue una cita a ciegas.

4. Que te gustaría hacer con tu vida cuando te jubiles
¿pero me voy a poder jubilar? ¿de verdad? en ese caso me gustaría viajar y disfrutar de los nietos que me va a dar el "tete", si es que algún día le dejo salir de casa a conocer chicas, jejeje.

5. Si te vieras obligado a ocupar parte de tu tiempo libre en alguna actividad benéfica... que tipo de actividad elegirías?
Me gustaría colaborar con el comedor benéfico "Madre de la Alegría", de Leganés (Madrid), creado por Paquita Gallego, a la que tuve la suerte de conocer cuando yo era una cria.

6. Campo o ciudad?
Campo para vivir y ciudad para ir de copas, de compras, de museos, de cenas...

7. Si tuvieras de nuevo 18 años y tuvieras que elegir qué estudiar... elegirías lo mismo que hiciste o cambiarías de opción?
Siempre quise ser neurocirujana, pero me agobiaba la carrera de Medicina, así que opté por algo más light, pero relacionado. Y luego, ironías de la vida, estoy practicando conocimientos a todas horas.

8. Te dejan cambiar una sola cosa de tu pasado, cual elegirías?
He cometido demasiados errores en mi pasado para tener que elegir cambiar una única cosa.

9. Recuerda el día más feliz de tu vida
Yo no puedo decir que el día más feliz de mi vida fuera el del nacimiento de mis hijos, porque con la niña fué uno de los peores momentos por los que he pasado y con el niño tenía sentimientos agridulces. Uno de los días más felices de mi vida fue cuando pude cumplir un sueño: ver la cúpula de Brunelleschi desde San Miniato al Monte, al atardecer, con el Arno al fondo, en verano..., menuda llantina. Pero no ha sido el único, ha habido muchos.

10. Como eliges los temas para tus post?
Brotan, como brotan mis pensamientos. Van saliendo solos, se me escapan entre las teclas a un ritmo trepidante, siempre que tengo tiempo de sentarme a escribir. Tengo una lista de temas pendientes.

11. Qué tarea doméstica te toca más las narices hacer?
La plancha. Para mi espalda es un horror.


Bueno, ha llegado el momento de pasar el premio. Y en esta ocasión lo paso a:
El sonido de la hierba al crecer (http://elsonidodelahierbaelcrecer.blogspot.com.es/) y 
Todos somos especiales (http://todos-somosespeciales.blogspot.com.es/)


Y las preguntas a responder para recoger el premio son:
1. ¿A quién invitarias a cenar?
2. Cual es para ti el mejor destino del mundo para unas vacaciones inolvidables
3. Como te gustaría verte dentro de 10 años.
4. ¿que es en lo primero que piensas cuando te despiertas?
5. ¿te convertirías en vegetariana/o?


Pues eso es todo de momento.