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martes, 12 de noviembre de 2013

Los frutos de la vida.

Tengo una vecina. La vecina tiene un olivo. El olivo tiene ramas. Las ramas invaden mi jardín. Mi jardín se llena con sus aceitunas los días de viento. Al día siguiente de hacer viento retiro las aceitunas que han caído en mi terreno.


Mientras me agacho para recoger las aceitunas me pongo filosófica. Soy rara. Ya lo se.




He visto como se formaban pequeñas bolitas en los brotes. He visto como iban engordando poco a poco y ahora estoy viendo como cambian de color y empiezan a oscurecer.



Pero cada vez que entro y salgo de casa, me pongo filosófica y pienso en que ante mis ojos la "madre Naturaleza" no deja de darme lecciones.



Esas aceitunas son como mi propia vida. Y no lo digo porque a veces estoy "colgada del guindo" (o como las aceitunas, colgada de una rama)  y no espabilo. Lo digo porque han crecido poco y despacito, porque ahora están en su mejor momento y están empezando a madurar, a mostrar lo mejor de si mismas, en algunas ramas van más adelantadas, en las que están más escondidas del sol, menos.



Se están formando para dar todo lo que tienen, desde la carne al hueso, para servir a otros de alimento.



Entro y salgo de casa pensando en cuales son los frutos de mi vida. 



Y se que no son precisamente las metas laborales (esas son las aceitunas amargas del cesto, porque yo quería ejercer de melocotón y no de aceituna) y porque me siento como en prensa de almazara. Literalmente. Y sin poder cambiar.



Tampoco en lo personal los frutos son los mejores. 



No se si soy aceite picual, arbequina, cornicabra, arroniz, hojiblanca, o simplemente soy simple aceituna sin clasificar. 



Mi resultado oleoso no se si es el mejor, pero es el que es. Soy lo que soy, tengo lo que tengo y me he ido buscando.



Todos tenemos lo que hemos ido eligiendo en función de las alternativas que la vida nos ha ofrecido a cada uno.



Cuanta verdad hay en una de mis frases favoritas: "esos polvos han traído estos lodos". Y que necesario es a veces el lodo para que sea fértil el terreno de cultivo...



Todos vamos sembrando nuestros propios olivares. Pero para algunos ha llegado el momento de varear y recoger. 



Por eso, cuando entro y salgo de casa, pienso que ha llegado el momento de dejar de besar ranas y empezar a disfrutar del aperitivo. 



Que nos quedan cuatro días. 



Y no se si mañana hará viento.



Mi vecina tiene también un manzano. Las manzanas dejaron de estar verdes hace tiempo. Algunas manzanas caía en mi terreno. Y algunas tenían gusano dentro.







1 comentario:

  1. Me quedo con las aceitunitas como tú, que los gusanos dan mucho "yuyu". Da gusto pararse a contemplar la madre naturaleza y deleitarse con su manera de dejar fluir todo de manera natural. Mucho deberíamos aprender de ella...
    Un besito.

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