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lunes, 22 de septiembre de 2014

Esto es lo que hay.

A veces te imploro a ti, en silencio, porque no tengo otro referente. Tú eres el inicio y el fin de mis días, presente siempre en mi pensamiento.

Lo abarcas todo, a veces en mi color favorito, a veces en el color de mis pensamientos. En el mágico inicio de lo nuevo y lo desconocido que nos espera a todos, una y otra vez, cada vez que nos despertamos del letargo del sueño.



Estás por encima de mí. Pero el día a día hace que me "olvide" de tu existencia por un rato. Siempre inmenso, siempre infinito. Siempre tú.

Tus múltiples matices enriquecen mi imaginación. Avivan mi latente necesidad de cambios. De constantes variaciones para no caer en la mórbida pesadez de la rutina. De la vida que no es tal, solo mera existencia. Del mortal aburrimiento del "siempre lo mismo".


Me sorprendo a mí misma, imaginando diferentes formas. De lo que sea. Se me va la vida entre nubes. Que pasan, como pasan los días y las oportunidades. 

Y tras ellas, siempre estás, azul, llenándolo todo. Entre nubes de normalidad, que te ocultan. A veces. Bastaría con saber mirar, para verte.

Tú eres, casi siempre, el que brilla. Y contigo, la alegría de mis días. Tú, lleno de luz y yo sumergida en indescifrables sombras. 



A veces un destello, a veces la chispa. Metáforas de vida entre renglones de lo cotidiano.

En mi día a día, no puedo imaginar ni un segundo, ni uno sólo, en el que tu no estés presente de una forma u otra.

Porque tú y sólo tú, eres mi cielo.


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