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miércoles, 16 de octubre de 2013

Sonríe, ¡por favor!

Una de las cosas que más detesto en esta vida es tener la boca abierta durante minutos y no poder decir lo que se me pasa por la cabeza. Abstenerse de imaginar nada los que tengan la mente sucia, simplemente me refiero a lo mal que lo paso cuando tengo que ir al dentista.


No me da miedo, en absoluto, pero mi odontóloga no para de hablar y no puedo contestarla, ni darla conversación mientras ella trabaja.

No sólo no me da miedo, para nada; según L., tengo el honor de ser la primera paciente que se le ha quedado dormida mientras le practicaba una endodoncia sin anestesia.

Y digo dormida, pero dormida profundamente en el sillón (cosas de las hormonas en el primer trimestre de embarazo, combinado con falta de sueño durante varios años, hicieron que en una época no muy lejana de mi vida, cada vez que me sentaba en su consulta, me quedara dormida), a pesar del foco encendido encima de mi cabeza, el sonido del torno, nada melodioso y un "ligero" dolorcillo mientras me mataban el nervio.

Todo sea por lucir una agradable sonrisa, pienso en esos casos, sin poder verbalizar nada y sin decir ni "pío".


La sonrisa, para el que no tenga a mano un diccionario para consultar, es esa energía mágica que transforma la cara de las personas, transmuta su ánimo. 

Es esa forma silenciosa de reírse, sin hacer ruido.

Es la imagen que más me gusta atesorar de las personas: la expresión de sus caras cuando traspasan el umbral de mi casa, con la comisura de los labios curvada hacía arriba. Es la imagen en el rostro de alegría cuando hace mucho rato que no ves a alguien a quien quieres mucho ver y te responden con una sonrisa y un: "ahora que te veo, estoy mejor".

Es la expresión exterior de que por dentro tu cerebro está generando endorfinas en ese momento, a toda máquina; es el reflejo de que eres feliz, aunque sea durante unas breves briznas de tiempo.

Me gusta pensar en las personas que quiero cuando están sonriendo. Me gusta el sonido de la risa de mis hijos bajo mis "implacables ataques de cosquillas". Me gusta el movimiento #spidertanga, porque persigue un maravilloso fin: arrancar una sonrisa (y no sólo a Paris). Me gusta pensar que si me río, se reducen mis dolores. Me gusta mirar que algunas de las arrugas de mi cara son de sonreír tanto.

Me gusta recordar el día de la primera sonrisa de mis hijos. Me gusta recordar los momentos de sus carcajadas cuando juegan, hasta caerse de espaldas.

La sonrisa es universal. La sonrisa es un bien personal que hay que entrenar con práctica diaria para que no se oxide. Me gusta hacer trabajar a mi sistema límbico y que rabien los que no saben que una sonrisa abre más puertas que cuatro gritos.

De verdad, no me importa tener que pasar por el dentista, si así, cuando sonrío, lo que ven los demás es un buen reflejo de lo que siento por dentro.

Y ahora: sigue sonriendo. Hazlo cuando pienses en el lado bueno que SIEMPRE tienen todas las cosas. Sonríe cuando quieras decir algo bonito y no encuentres la palabra precisa. Sonríe cuando me veas sonreír y alegrate de lo que compartimos juntos, sea mucho, sea poco, aunque sea menos de lo que esperas.



Sonríe, ¡por favor!, que se te ilumina la cara. Y además es muy bueno para tu salud.

3 comentarios:

  1. No te lo vas a creer pero... ¡no he dejado de sonreír una línea!. Y eso no es algo que pase mucho últimamente así que... ¡GRACIAS, GRACIAS, GRACIAS! :))))
    Besos y... sonrisas, claro.

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  2. Tu imagen entrando en casa mientras sonríes al mirar a mis niños es una de las que atesoro con cariño. Ven a repetirla cuando quieras.
    Un beso (me alegro que te hayan alegrado mis palabras).

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  3. De pequeña iba a camoentos de verano y una de las monitores en una reunión me dijo "gracias por tus sonrisas, hay que practicar más, los demás siempre te lo agradecerán

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