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miércoles, 12 de septiembre de 2012

Dunas de arena y sal.

Soy esa brisa que se cuela por las rendijas de tu persiana mallorquina, que acaricia tu pelo y tu piel mientras estás en tu cama.
Te traigo el olor a yodo y a algas marinas, de las profundidades de un Mediterraneo bravío.
Soy la esencia de la vida, del comienzo de los comienzos, en el principio de los días.
Soy quien arremolina la arena formando figuras onduladas en ella. 



Cambiando caprichosamente a mi antojo y tu voluntad, cada vez que tomo contacto con cada uno de tus minúsculos granos blanquecinos, mientras cae la tarde, despacio, lenta como tu mirada. 



Y hago montones contra los catamaranes encallados, desposeídos de velamen.
Acaricio siempre tu cara, cuando te acercas a mi playa, a veces suavemente, a veces azotando sin piedad tu rostro.

Soy quien borra todas tus pisadas sobre la arena, para borrar el recuerdo de tus pasos sobre la tierra.  La que llega para que seas olvidado.

Acompaño a las traviesas gaviotas, que se sirven de mi para abanicar el cielo con sus torpes alas blancas.

Soy quien revuelve tu pelo, lo lía y lo lía todo. Soy la brisa húmeda y salada que impregna tus ropas puestas a secar al sol. La que se cuela por tu fina blusa color turquesa, para refrescarte de tus calores, para inflamarte con mi llama. La que juega con tu nuca, si me das la espalda.

Soy la que ondea en tus blancas velas y las rasgo cuando me enfurezco, para demostrarte mi poder si me desafías.




Llego a tu orilla, formando olas que baten contra la arena, que te mojan y te sobresaltan. Te enfrentas a mi y yo te soplo al oído melodías de míticas Nereidas. Te traigo mensajes de otros mundos, muto palabras en delicadas caricias que recorren toda tu piel salada. Si me escuchas y no solo me oyes, te canto para contener tus lágrimas.

No me ves, pero estoy contigo; camino a tu lado, paseo como tu paseas tu mirada buscando el final de la playa que nunca acaba.




Formo parte de ti cuando respiras al amanecer y en tus travesias nocturnas de solitaria sirena varada tierra adentro. 

He llegado para quedarme contigo, para acompañarte todos los días en los que no tengas quien te acune, para mecerme en tu mecedora blanca, evocando el aroma de jazmines y naranjos.

2 comentarios:

  1. Me ha encantado. Me la guardo para cada vez que esté estresada.
    Un beso.

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  2. No hay nada mejor que sentarse a orilla del mar por la noche, respirar la brisa marina, dejarte acariciar por ella y dejar volar la imaginación. Es una de las cosas que más me relajan y me motivan.
    Besos aéreos.

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