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domingo, 23 de septiembre de 2012

Solomillo a la pimienta.

Ya es una realidad. Se acabó. El calor cede terreno, los días son más cortos, las camisetas de tirantes y las sandalias se guardan hasta el año que viene.

Hemos sacado las mangas que nos taparan los codos y los tonos de las ropas se truecan en grises de tarde de octubre.

Mis articulaciones no engañan, llevan días avisándome y yo haciéndome la loca sin querer oír lo que me gritan: ¡¡frío, frío, fríoooooo!

Se acabaron las noches de patio sentada frente al teclado, rodeada de velas anti-mosquitos que no han evitado que me acribillen los bichos. Noches de luces tenues a ras de suelo, música de Mozart y olor a romero. A solas con mi imaginación y mis más que abundantes neuras.

Este verano los patios vecinos han guardado un discreto silencio. Poca gente, pocas cenas al aire libre, poco ruido nocturno una vez que se dormían mis hijos.

Nos ha extrañado la falta de bullicio que nos encandiló los primeros años. La crisis o la desidia han debido ser los responsables.

Hemos visto crecer las ciruelas en el patio colindante, las hemos visto madurar y con desolación vemos como se pudren al sol y ahora al frío.

Hemos hecho la que casi seguro será la última barbacoa. Carne muy tierna y sin apenas grasa, con sabor a tiempo perdido que ya no vuelve.


El sol de la mañana ha sido enmascarado por nubes que anunciaban lluvia. El olor a tierra mojada se ha hecho más patente a la hora del postre.

Al final se ha puesto a llover y el café se ha degustado con pena en el interior.

Es hora de caldos, sopas y cremas en lugar de refrescantes gazpachos y variadas frutas veraniegas.

Aún me resisto a no usar alguna noche más las tumbonas del patio, para ver estrellas trasnochadoras. Todavía no hay orden de recoger y apilar, pero cada vez queda menos para hacer sólo vida de hogar.

Las leves gotas han apagado las brasas, ya no queda fuego. Nada de nada.

El interior se ha vuelto por sorpresa aún un poco más oscuro. En verano para que no entrara excesivo calor y ahora, para que no nos persiga el inminente otoño.

4 comentarios:

  1. otoño y después invierno... me gusta, pero son demasiado tristes. es un tiempo para reflexionar y para despertar en medio de la noche escuchando el sonido de la lluvia al caer, y pensar en aquella persona que me gustaría estuviera más cerca de mi, o en soñar con un encuentro bajo paraguas, sin importar la lluvia, lo que importa es el encuentro y la conexión con ella. y es un tiempo para que el calor del tibio sol te roce la cara y sientas que todo fluye dentro de ti ;)

    besos

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    1. Hasta los días más tristes y lluviosos del otoño son necesarios para valorar cada rayo de sol cuando llegue la primavera. Para que la tierra descanse, se nutra, se empape y luego de lo mejor de si misma con el buen tiempo.
      Ay, encuentros bajo paraguas ¡que recuerdos!...

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  2. Toca época de melancolía, se hace tan largo hasta que vuelve la primavera...No habrá barbacoas pero me quedo con esos deliciosos postres de interior que haces :)
    Besitos con sabor a hojas de otoño.

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    1. Si, se ha acabado prácticamente la temporada de barbacoas, pero se puede iniciar la de las fondue de chocolate y canela con fresas ¿eh?
      No se me ocurre (de momento) nada mejor para iniciar el otoño.
      Besos pre-otoñales.

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