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domingo, 10 de febrero de 2013

Doliente.

Esta sensación que siento solo pueden entenderla aquellas personas que viven en su cuerpo la experiencia de un dolor constante, sordo, entre leve y moderado, pero que te acompaña invariablemente de la hora que sea, el día de la semana en el que estés o el mes del año en que te encuentres.

Para aquellos que celebramos de forma constante el día de Santa Teresa, que también es el Día Mundial contra el Dolor (mira que casualidad ¿no?), acordándonos de la genética como de la peor de las maldiciones, no es precisamente motivo de alegría ser de este club.

No es nada que te anule completamente tu capacidad de hacer cosas, a veces si, si es más fuerte, pero cuando se perpetua en el tiempo, cuando se instala junto a ti y no te abandona, cuando es el único que no lo hace mientras todos los demás salen huyendo, cuando es tu amigo fiel año tras año, no sabes si odiarlo, respetarlo o simplemente tratar de ignorarlo mientras que no sea excesivamente insidioso.

Se va contigo a la cama, se levanta contigo, te acompaña al trabajo y mientras comes, se mira en el espejo y le ves reflejado en tu cara. A veces te hace burla y se ríe despiadado de tus planes de tener un día tranquilo. Te hace pensar en él cuando vas caminando por la calle, a veces no te deja pensar en ninguna otra cosa.

Te humilla y desarma tu coraza de sonrisas, hasta convertirlas en tristes muecas desvencijadas. Sabes que no te va a matar, pero te hace la vida menos llevadera. A veces le atacas, hay pastillas que son tu defensa, pero no pueden serlo toda la vida y lo sabes y sólo recurres a la magia de los analgésicos cuando te ves sin fuerzas para hacer frente a todo al mismo tiempo.

Te rompe, cambia tu humor y tu relación con los demás. Luego se aleja de ti durante unos días y piensas que le has perdido de vista y vuelve como el amante fiel, pero eres tu la que se postra a sus pies y no al revés.

De nada sirve llorar y decir que no puedes más. Sólo te queda la opción de hacerle frente, es tu compañero de viaje y así seguirá durante años. Caminará contigo mientras tengas fuerzas para seguir caminando. Y sonreirá mientras te vea tocar el cielo, porque sabe que bajarás a tierra y de nuevo será tu único amo.



Es como la parte mala de la vida, pero sin el como. Es como querer y que no te quieran. 

4 comentarios:

  1. Ayssss, cómo duele leerte así :( Te mando muchos besitos curativos y abrazos sanadores...

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  2. Yo comparto mi vida con migrañas continuas, animo.

    Te mando una :-)

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  3. Uff, pues tampoco son buena compañía las migrañas. Mucho, pero que mucho ánimo.
    Un abrazo grande.

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