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lunes, 9 de diciembre de 2013

Tradiciones.

Toda familia tiene las suyas. Toda casa tiene sus propias costumbres.

Cuando das forma a tu nueva vida y la dotas de un espacio propio, personal, a tu gusto, decoras en función de tus preferencias. Imprimes tu personalidad en cada rincón, en cada detalle y luego le vas dando coherencia con pequeñas tradiciones, ya sea diarias o de repetición anual.

En esta santa casa hay varias cosas que se llevan repitiendo como una costumbre arraigada, desde hace varios años.

Una de ellas, es que cuando llega diciembre, me regalan una Flor de Pascua. Siempre busco el mejor rincón para ella, que esté alejado de las corrientes de aire que la aniquilan, que tenga luz y temperatura constante. Siempre busco el lugar donde la vea nada más llegar a casa. Y me alegre.

Llega a primeros de mes, va perdiendo poco a poco sus hojas. Y a veces ha sobrevivido hasta el verano, exhultante de color, desentonando con el resto de la decoración de la habitación.


Otra es recorrer la Puerta del Sol el 31 de Diciembre por la tarde, antes de que se llene de los personajes más variopintos, antes de la última cena del año. Año tras año se ha ido repitiendo, se ha ido sumando gente y en la foto de familia no hemos sido ni uno, ni dos, ni tres.

A pesar del frío mi planta, ella, ya ha llegado también este año. Este año vuelve a ser roja, pero también he tenido el regalo anual en su variante amarilla. Aún más bonita o al menos, por ser menos habitual, más exótica, pero también un poco más delicada, es la que más me ha gustado de todas las que he tenido.

También pondremos el árbol, adornado de angelitos, de preciosos angelitos dorados, suaves y entrañables, como no podía ser de otra forma, siempre presentes en esta casa, de una manera u otra. Adornaremos la escalera con las piñas recogidas en las pocas ocasiones que hemos podido salir al campo. También cada año son más, cada año añadimos algún elemento nuevo y ir sumando en lugar de restar, también se ha convertido en tradición. Algunas piñas las pinté siendo una niña y han acompañado mis finales de año desde hace décadas.

Aunque vayan variando las circunstancias, aunque este año tampoco la situación sea la que a mi me gustaría que fuera, este año se dará la bienvenida al tiempo de Adviento.

Y nos prepararemos para el cambio de un periodo a otro. Con la esperanza de que el fin de un año y el principio de otro sea para que lleguen a nuestras vidas todo aquello con lo que hemos soñado.

No me gustan estas fiestas. Me producen una tristeza sin precedentes, pero como bien dijo hace tiempo un amigo, de esos que la vida te pone en el camino, con niños se viven de forma diferente. Y es cierto, con niños en casa vives la ilusión de recibir el regalo deseado, como si fuéramos de nuevo niños todos, sin serlo. Y disimularemos la desilusión de no tener el juguete soñado, como cuando no recibías lo que tanto querías tener.

Ese año inculcaré nuevamente la tradición de estar con la familia, de regalar para alegrar al que recibe, de hacer resumen y balance de lo dejado atrás. Y de lo afortunados que somos por seguir viviendo.

2 comentarios:

  1. Yo este año al balance no sé si me apunto, porque hay deseos sin cumplir, que todavía duelen demasiado. Pero sí que me uno a las ganas de celebrar y seguir soñando, porque pase lo que pase, la vida sigue siendo muy hermosa.
    Feliz Navidad, cosa bonita...

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  2. Los deseos sin cumplir son esperanzas de tiempo futuro. Ya sabes lo que digo: si de verdad lo deseas, lucha por tus sueños y cuando lleguen y se materialicen, disfrútalos con total intensidad.
    Llegarán R., llegarán. Y espero que me permitas verlo.
    Besos.

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