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martes, 1 de enero de 2013

Y ahora ¿qué?

Han pasado varias horas. Ya es 2013 en todo el planeta, ya ha empezado un año nuevo para todo el mundo. Casi todos hemos visto las imágenes de Sidney.



Y los besos más o menos apasionados, bajo en confetti de Times Square.


Siempre he soñado con una Nochevieja así, en plena calle, rodeada de gente, ruido, música y fuegos artificiales, pero con una única persona a mi lado, celebrando el comienzo de un año más en la vida. 

Ahora, las circunstancias son las que son y toca aprovechar y estar rodeada de la familia, mientras esa familia exista, pero sé, que llegará el día en que ellos no estarán y yo estaré allí, acompañada de amor, siendo una más entre la convulsa y bulliciosa multitud, participando de la luz, el frío y como no, dando cálidos besos.

No se en que 20XX será, pero se que llegará, como otras cosas. Mientras, esperaré...

Este Fin de Año, ha sido extraño. Diferente a la sensación vivida en años precedentes. Las situaciones a veces no son lo que desearíamos, pero al menos, con niños pequeños en casa, no han faltado las risas, los nervios de último momentos, viendo que no había uvas para todos, porque mi padre había empezado a comérselas por la mañana y apenas si había 12 en cada plato, justitas, tan justitas, que sólo sobraron literalmente 4 de todo el racimo.

Mientras terminaba de ultimar los últimos preparativos a la cena y sus detalles, no dejaba de recordar la tradición de un antiguo compañero de facultad que me decía que a él, lo que más le gustaba de estas fiestas era salir el día 31 de diciembre a las 23.45 de la noche, a escuchar el silencio previo a las campanadas y luego, cuando empezaba el ruido, volver a casa y meterse en la cama a dejar que pasara la noche.

Yo he disfrutado de Nocheviejas sola en casa con mis padres, en fiestas con las amigas, bailando hasta hacerse de día, de copas, durmiendo porque al día siguiente tocaba madrugar para ir a trabajar (si, a trabajar mientras que otros se iban a dormir) y hasta en un pub lleno de punkis (no coment). 

Anoche, me hubiera gustado salir a bailar y divertirme, como si en realidad, el año que empezaba fuera un aviso de que mi tiempo se está acabando desde hace tiempo. Pero el título de madre responsable no da lugar a ciertas cosas.

No obstante, anoche, también hubo unos momentos de silencio, momentos para meditar y planear, para soñar y pensar. Soñar y sentir. De compartir en familia en directo y por teléfono con el resto de la familia y seres queridos.

Tanto tiempo esperando ese momento y todo llegó y pasó muy rápido. También llegó el primer minuto y pasó. Doce uvas, para doce meses. Llegó el primer deseo del año (meditado, muy meditado), los besos, las felicitaciones a la familia  y la añoranza, como un rayo rápido, de los que no estaban cerca en ese momento.

Después, regreso a casa conduciendo bajo la lluvia, esa que limpia hasta lo más sombrío de días precedentes, con la seguridad de los más pequeños de abordo, en mente. 

La primera mañana ha sido tranquila, pausada, por fin sin prisas, enfrentándome al silencio del campo, ese silencio en el que ni siquiera se oye a los pájaros, ese en el que ves en los tejados a dos gatos jugueteando tranquilos, ese en el que ya ha empezado el día, pero aún todos duermen. Ese momento del año que tanto me gusta. En el que sólo hay paz, luz y calma, previo al toque de campanas del convento cercano.

En el centro de las ciudades debe ser distinto, en las que nunca se duerme del todo, en el que el silencio absoluto no existe, pero aquí, en mi constelación paralela, reinaba la tranquilidad, sólo por unos instantes,  pero ha reinado la paz.

Después, vuelta a la rutina de vida con niños, alegres, risueños, activos, muy activos y bulliciosos.

¿Y ahora? Ahora queda mucho camino y sobre todo, a estas alturas de Enero, lo que me sobra es optimismo y mucha ilusión.

4 comentarios:

  1. Yo recibí el nuevo año en casa de mis suegros (qué alegría, qué alboroto, qué bonita la familia unida...). Mientras decidía si me cortaba las venas o me las dejaba largas, una gran amiga me retransmitía sus últimos minutos de 2012 en casa de sus respectivos: "nos ha hecho disfrazarnos de "propósito" para 2013, vamos a invocar a los muertos y acababa de decirnos que ni la Igartiburu ni ostias, que las 12 campanadas las da ella con un cuenco tibetano". Así que tomé conciencia de que siempre puede ser peor, con lo cual, benditas nuestras circunstancias y celebremos que mientras hay vida, hay esperanza.
    Tengo una cosita para Pitu, a ver si se la puede traer el doncel en el coche, que estoy deseando dárosla desde hace un montón.
    Muy feliz año, familia, sois siempre un motivo de ilusión, un faro en las tinieblas.
    Besos.

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  2. ¡Ay qué imagen!, estoy visualizando el cuenco tibetano y me parto. Si señora, siempre puede ser peor...
    Yo hoy estoy compungida: me he perdido el cordero al whisky de la familia política, juas, juas, juas. Y estoy sola, con los niños en casa, "matándolos" a cosquillas y besos, que es lo mejor de lo mejor.
    Como voy a estar sola todos los fines de semana con los niños, hasta la primavera, hacemos una quedada cuando os venga bien ¡¡que no nos vamos a reconocer!!
    Besitos para los dos.

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  3. Esta nochevieja, la última si Dios quiere, solitos, decidimos pasarla en casa. Sin nadie nada más que el y yo, eso si, con bonita mesa y arreglados como si fuéramos a un besamanos del Rey ( que por estar en casa no iba a ser menos). Y por fin de esos pocos años que me acabo las uvas, espero que eso sea un buen augurio.
    ¡Feliz año!!!

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  4. ¡Que bien eso de acabarse las uvas!, este año te va a traer al menos una cosa muy buena (y espero verla pronto).
    Un beso.

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