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viernes, 26 de julio de 2013

"Oye, mamá..."

Mi querido hijo, que no ha cumplido aún los cuatro años ha decidido conocer tooodo sobre el mundo que le rodea a base de preguntas indiscretas delante del público más variopinto.

Escenario del sainete: tienda de bricolaje y decoración con logotipo de color verde.

Mientras su progenitor perseguía por el pasillo de tornillería a su hermana, que corría con cara de satisfacción al saber que su padre se estaba deslomando a carreras detrás de ella, mi tierno infante se empeñaba en robar (léase sustraer sin ningún disimulo) la cinta métrica al amable y paciente dependiente que me estaba explicando las diferencias y bondades de distintos tipos de plaquetas decorativas (objetivo: tapar con ellas las grietas de asentamiento de dos paredes de mi casa, que ni con pintura se disimulan).




Mientras convertíamos en metros cuadrados las dimensiones de las susodichas (paredes), mi tierno infante, a grito "pelao" me interpela:

- "Mamáaaaaa ¿porqué te casaste con papáaaaaa?

Eso mismo me pregunto yo, pienso mientras no me puedo creer lo que acaban de oír mis orejas y media tienda.

Una pareja relativamente joven, que está mirando muebles de cocina, se vuelve y me mira expectante.

Oteo al mi alrededor y observo que el padre de la criatura está lo suficientemente lejos para no oír mi respuesta (me consta que no tiene super poderes, así que en ese sentido puedo estar tranquila) y por mi mente cruzan varias alternativas de respuesta:

a) me abducieron los extraterrestres y cuando me devolvieron a la Tierra no sabía lo que hacía. Fue el primer humano que se cruzó en mi camino y le arrastré al juzgado.
b) pensé que era un principe azul (mi color favorito), se me obnubiló el entendimiento y le arrastré al juzgado (de paz).
c) Quería llevar la contraria a mi padre que siempre me decía que no me veía lo suficientemente "seria" para casarme. Y... si, le arrastré al juzgado (y se dejó arrastrar).
d) las tres opciones anteriores son verdaderas a la vez.
e) ninguna es cierta.

Cri-cri-cri. (silencio en escena).

El amable dependiente ha soltado la calculadora y me mira esperando a ver qué narices respondo. Mi mirada asesina no intimida a mi hijo que sigue esperando una respuesta.

- "¿porqué mamá? ¿porqué? ¿porqué? ¿porqué?
- "porqué quería hacerlo".

Parece que vamos a dejar zanjado el tema, pero no. ¡Ilusa de mi!, el tierno infante vuelve a la carga.

- "Mamáaaaa ¿papá estaba enamorado de ti cuando os casasteis? (recuerdo que el infante aún no ha cumplido cuatro años y estamos en una tienda de bricolaje y decoración de logotipo color verde).
- "Pues eso espero". Y miro de reojo a la pareja que estaba  mirando muebles de cocina y que disimuladamente se ha acercado a nosotros (espero que para mirar azulejos y no sólo para cotillear).

Cri-cri-cri. A ver si con mi silencio damos por zanjado el tema. ¡Pues no! ¿he dicho antes que soy una ilusa en ese sentido?
Veo a lo lejos que su progenitor está persiguiendo a la gamberra de mi hija que ahora corretea en la sección de pinturas. Sus risas se oyen a distancia (su padre no se ríe tanto, precisamente). Más bien está un poquito harto y me mira de vez en cuando con cara suplicante para que abrevie mis consultas y salgamos cuanto antes al mundo exterior.

- "Pues el amor es una tontería y yo no me voy a enamorar nunca" (dicho por un ser que no sabe decantarse si por el yogurt de fresa o por el de limón, pero que parece ser que para temas más vitales ya tiene tomadas sus decisiones).
- "Pues muy bien hijo, tu mismo".

El dependiente levanta la ceja. Carraspea y vuelve a calcular metros cuadrados para el presupuesto.

El tierno infante se va a perseguir a su hermana y a cachondearse un rato de su padre. Yo recojo el presupuesto y todos nos dirijimos al ascensor para bajar al parking.

Fin del primer acto.

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Acto segundo. Se levanta el telón. Esperando con el tierno infante en una cola kilométrica para pagar el avituallamiento semanal de la familia en un gran hipermercado (de capital galo).

Con el carro hasta arriba. Prisa (para variar) y ganas de pasar por el wc lo antes posible.

- "Mamáaaaa ¿porqué las chicas tenéis pechos?????????????? (a gritos).
Se vuelven a mirar hasta los sordos y el de seguridad que está al otro lado del hiper.

Cri-cri-cri. Le ignoro.

- "¿porqué mamá? ¿porqué? ¿porqué? ¿porqué? ¿porqué? ¿porqué? ¿porqué? ¿porqué mamáaaaaaa? (a gritos nuevamente).
 "Eso se lo preguntas a tu padre (que se pavonea de saberlo casi todo) cuando lleguemos a casa".

Fin del segundo acto (o no).

¿es raro que no tenga muchas ganas de salir con mis hijos de casa?

6 comentarios:

  1. Menudos aprietos, porque las preguntitas no son de wikipedia jajaja!!! (me recuerda al anuncio de TV de una conocida compañía de telefonía) La realidad es más cruda.

    Besitos de verano.

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    1. Si hija, te sueltan cada pregunta que no sabes por donde salir...
      Besos veraniegos.

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  2. Si es que está en una edad muy difícil, de muchas dudas existenciales. No te preocupes, que a los 30 lo tienen todo muuuuuuuucho más claro (modo irónico on, por supuesto). Ains...
    Un besito.

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    1. Hay gente que no lo tiene claro NUNCA, pero NUNCA JAMAS en la vida.
      Un beso.

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  3. Pues yo sí sé porque te casaste con el padre de tus criaturas... Éstos bichillos ya os estaban esperando ahí, en algún lugar del universo. Qué cachondo es el enano! Y la princesa... Corriendo por la tienda... Joder cómo me gusta esta niña!

    Un beso enorme para los cuatro.

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    1. Creo que en otra vida debí ser asesina en serie de viejecitas o algo así y en esta vida estoy pagando mi castigo y por eso tengo los hijos que tengo, que son de todo, menos tranquilos. Jajaja.
      No, en serio, son muy ricos y cuando están dormidos, más.
      ¡Verás que adolescencia me espera con ellos!
      Otro besazo para vosotros.

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