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lunes, 13 de enero de 2014

Bicho-bola.

Sábado. Once de la noche. Niños acostados y durmiendo a pierna suelta (esto último es literal, palabra).

Ya he terminado de cenar. No tengo nada que hacer. Me preparo un mojito con las pocas hojas de hierbabuena que resisten al frío en una maceta.

Saco una de las cajas de bombones y al cuerno con la operación bikini. Tampoco me sobran tantos kilos. Y hoy voy sobrada de autoestima. ¡¡¡Si estoy que crujo!!! (también es literal, porque cuando me levanto me crujen todos los huesos, palabra).

Cambio de canal para ver donde está la película más soporífera e insustancial. La elección está difícil, porque hay bastante donde escoger.

Me he bajado una mantita. Y entre las canas y la manta, parezco una abuela (o a mi madre, que es peor).

Empiezo a notar el calorcito y no se si es por que voy por el segundo trago, porque la casa siempre se mantiene a la misma temperatura, por la manta o por una extraña combinación de todas las cosas.

Me acurruco. Un poco más. El sofá abre sus brazos y me envuelve cariñoso.

Uhmmm.

¡¡Que bien se está sin hacer nada y sin pensar en nada!!

Un sorbito a mi bebida y me encojo un poco más.

Ya está. Conseguido.

                                    


Soy un auténtico bicho-bola. 

Paso así gran parte de la noche. Vienen a ver porque no subo a dormir. Ains. Cómo me gustaría pasar así tooooodo el fin de semana.

Pero va a ser que... NO. Cachis.

4 comentarios:

  1. He sentido ese abrazo, pero con un cortado y un bombón y es lo más parecido a estar en la gloria provisionalmente hasta que oyes ¡mamá!

    Cálidos besos.

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  2. Ains. Y justo en ese momento se acaba la paz y el sosiego ¿verdad?
    Besos perezosos.

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  3. Joooo... ¡¡con lo a gustico que estabas!!.
    Un besito.

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  4. Pues si. A veces se está taaaaaan bien sola y sin hacer nada.
    Muchos besos.

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