Suena muy emocionante, pero la realidad es opuesta a las expectativas.
La situación familiar ha cambiado substancialmente en las últimas semanas. Ha habido planes, cambio de planes, contraplanes y cuando ya parecía que todo estaba organizado, nuevos planes y nuevos cambios sobre estos últimos.
Desquiciante. Mi escaso equilibrio mental ha tenido que hacer malabarismos para apechugar con todo. Parece que todo está más o menos claro hasta octubre, pero no me fío. Algo pasará y habrá que volver a reorganizar el universo para salvaguardar el bienestar de los retoños.
Por las tardes, el apoyo paterno está "en sus labores", así que ahora recojo a los niños y nos vamos a casa y son mi única compañía visible hasta que se incorpora el cuarto elemento, cerca ya del inicio del día siguiente.
Ahora doy la merienda, la cena, baño y acuesto a los niños sola y veo los atardeceres sola en un más que abandonado patio. Y disfruto de la cena en solitario. Aunque esto último tiene sus ventajas: no ceno con muertos y eso me agrada más que cualquiera de la autopsias que he tenido que visualizar mientras me alimentaba, porque antes, con el Horatio de turno a pie de cadáver, disfrutar de la cena, poquito, la verdad, muy poquito.
Como desventaja: no tiene sentido hacer comentarios mordaces en voz alta sobre la relación de consumo de sustancias ilegales y la imaginación de los guionistas de series de televisión. Ni criticar despiadadamente los argumentos televisivos, sólo por el simple hecho de ser la vengativa mosca cojonera.
Con la certeza de todo el verano por delante, sola en casa con los niños, definitivamente se han esfumado mis sueños de disfrutar de la playa este año. No habrá paseos descalza por la arena a medianoche. De Bora Bora, mejor ni hablamos.
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Polinesia Francesa |
Los niños no van a beber agua mediterraneamente salada y a acabar rebozados en arena, como si fueran escurridizas croquetas.
Como perfecta Bree, me dedicaré con similar dedicación a la jardinería, la repostería y a modelar la plastilina con los niños. Continuaré con el Arnidol en lugar de pasarme a la alta protección de los bronceadores.
Tal y como están las cosas en el mundo laboral, encima hay que estar contentos. Los horarios no son compatibles con la vida familiar y no digo nada de los otros ámbitos de la vida. Pero es lo que hay, es lo que toca y las alternativas son...., ¡anda!, si no hay alternativas.