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sábado, 5 de mayo de 2012

Celebro la renuncia.

Cuando una mujer decide tener, además de otros títulos, el de madre, empieza una carrera de renuncias voluntarias, pero continúas.


Cuando tienes confirmación de que dentro de tu cuerpo hay más un corazón más latiendo, la vida ya te cambia. En mi caso, ya antes de que lo supiera con certeza, lo primero que hice involuntariamente fue cambiar de postura al dormir, dejé de estar de cúbito prono, no sé muy bien porqué y empecé a dormir de lado. Y empecé a sentir la responsabilidad por el ser por el que siempre te sentirás ya responsable.

Bastantes meses antes había dejado de tomar calmantes para mis continuos problemas óseos, aprendí técnicas para aumentar el umbral del dolor y aprendí a convivir con los molestos efectos colaterales de múltiples intervenciones quirúrgicas.

Renuncié a tomarme unas cervezas, empecé una alimentación aún más sana, tomé infinidad de ácido fólico, progesterona y vitaminas, tomé litros y litros de leche con calcio, en definitiva, traté de llevar una vida de lo más tranquila, empecé a prepararme psicológicamente para una nueva etapa de mi existencia y a reestructurar una casa para acoger nueva vida.

Observe maravillada como cambiaba mi cuerpo, como se transformaba mi pecho, como aumentaba mi cintura, como dejaba de valerme mi ropa talla 34-36, según fabricante, como se transformaba hasta mi piel, como se dibujaba la “línea alba”, como brillaban mis ojos de felicidad.

Incluso sustituí temporalmente mi ropa interior por una más cómoda, pero mucho menos favorecedora; en la última etapa pre madre hasta mis camisones parecían tiendas de campaña.


No me importaron las nauseas, los calambres ni el insomnio, no me importaba sentirme mal.

Llegó el día en que me convertí en madre y fue lo contrario a lo esperado y soñado. Entonces descubrí la renuncia mayor que iba a tener que vivir,:renuncié a ver hecho realidad el sueño tal y como lo había imaginado.

Tenía muchas lecciones que aprender a partir de ese momento y la fundamental, como siempre ha sido, me la dio mi madre. ”Mamá J”, como me gusta referirme a ella, hizo lo que una madre hace por sus hijos: me acogió en su casa para que estuviera más cerca del hospital donde estaba mi hija, me cuidó, nos cuidó, se encargó de nuestras comidas y nuestra ropa, de atender por mí las llamadas de teléfono, para que yo me recuperara y sólo me tuviera que ocupar de mi niña. Aunque ella no estuviera en condiciones, sacó fuerzas y sólo pensó en ayudarme.

Me abrazó con inmenso cariño, con cariño de madre doliente, cuando me derrumbaba inconsolable, llorando amargamente sobre la mesa de la cocina. Me consoló con cariño cuando no encontraba consuelo en las noticias que recibíamos.

Me dijeron que tenía que intentar la lactancia materna y empecé a extraer leche para ella, de día, a ratos entre visita y visita a la U.C.I.N., de noche, mientras que todos dormían y la preocupación no me dejaba dormir, con tanto entusiasmo que conseguí tener hasta 47 litros en tres congeladores diferentes, en innumerables bolsas de “Medela” de 250 c/c, convenientemente etiquetadas.
Ya con ella en casa, renunciamos a dormir, cada dos horas había que darla de comer, con biberón, incluso con jeringuillas y a cucharaditas, todo con tal de alimentarla. Cada vez que vomitaba, me volvía a extraer leche y volvíamos a empezar (no tenía fuerza para succionar), el ejemplo de “mamá J.” me daba fuerzas para seguir, ella no se rindió conmigo, yo no me podía rendir con mi descendencia.
La falta de tiempo me hizo renunciar a ver a mis amigos, a salir, a ir al cine, de compras, a las agradables y largas conversaciones telefónicas, los días de vacaciones se invirtieron en días de citas médicas. Las prioridades cambiaron, renuncié a mi desarrollo profesional, a volver a estudiar cosas que en otro tiempo me gustaron y aún me gustan, a disponer de tiempo para leer, incluso dejé de tener tiempo para cuidar mi aspecto y mi persona.

Fueron renuncias voluntarias, de las que no me arrepiento, pero que han marcado el cambio de mi carácter y mi forma de ver mi realidad ahora. Y que van a cambiar mi futuro, mis decisiones.

Muchas madres renuncian a su parcela como mujer, para cuidar a su prole, renuncian a las clases de Pilates para llevar a extraescolares a sus niños. Se ven en la obligación de renunciar a salir a cenar con los amigos si no tienen quien vigile el sueño de sus hijos. Su prioridad no son los escaparates de ropa femenina, sino los de ropa infantil. Ven más interés en los “Pabloskis” que en los “Pura López”.

Mi madre renunció por sus hijas a muchas cosas, no por sentirse obligada a ello, pero si por sentirse impulsada a ello, por ese impulso generoso que se siente cuando ya no eres sólo una mujer, por esa sensación maravillosa que te da la Naturaleza, cuando te conviertes en madre.

8 comentarios:

  1. ¡Y qué mejor homenaje a una madre que estas palabras, homenaje a la abuela y homenaje a la mamá de la pequeña...
    Si las madres mueven el mundo, madres como tú, nos demuestran al resto la valiente implicación que debemos tener para con nuestros hijos, la fe y constancia en su propio crecimiento, a pesar de los obstáculos que se presenten...
    Siempre he creído que cuando una crisis (entendida como cambio) llega a nuestra vida nos agita de forma caótica hasta que conseguimos establecer un nuevo orden que nos permite seguir avanzando; ojalá hayas encontrado ese camino que te permita seguir adelante con el amor a ti misma que mereces.
    Enhorabuena mamá!
    Un abrazo

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    1. Hay veces que la fuerza de madre flaquea, pero por los hijos hay que seguir avanzando, porque hay que acompañarles en su camino, hasta que sepan ir sin nuestra ayuda por la vida.

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  2. Ay, ya me tienes otra vez con la lagrimilla...qué bonita eres y qué gran MADRE...eres increíble. Tus hijos son muy afortunados...
    Un abrazo y que disfrutes mucho de mañana, tu día, vuestro día. Vuestro amor incondicional es el que mueve el mundo.

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  3. Muchas veces me siento la peor madre del mundo, sobre todo cuando tengo que regañarles...y los mando a pensar. O cuando estoy de mal humor y les grito. No soy una gran madre ni mucho menos, pero intento hacerlo lo mejor posible, como hacen todas.
    Un besote.

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    1. Por cierto, me ha dicho un pajarito que ayer emocionaste mucho en el curso que diste, me hubiera encantada escucharte :)
      Un besito grande y no te sientas mal, eres humana!!!

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    2. Preciosa, a esto sólo puedo darte un gran aplauso, porque me quedo sin palabras.

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    3. Me encantó ayudar a M. y P. ayer, disfrutté mucho aportando mi granito de arena.

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  4. Isa, gracias, como siempre, tu como madre si que te mereces un aplauso enorme.

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