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domingo, 27 de mayo de 2012

El tren.

Sábado. El acuerdo tácito establecido de "quid pro quo" sigue dando sus frutos, así que me voy de comida con gente del ámbito laboral. Hace tanto tiempo que no ocurría algo así que estoy hasta emocionada.

Mañana de limpieza rápida en el hogar y a partir de medio día me voy dando un paseo lento, camino de la estación. El recorrido por el pueblo a esas horas, resulta de los más agradecido: la gente va a la compra, dos ancianas charlan a la puerta de casa y hay cocinas que huelen maravillosamente a guisos de pollo en salsa.

Repito inconscientemente el mismo recorrido que antaño hice acompañada, pero ahora sola, contemplo las calles, las casas que han pintado sus fachadas de otro color, las plazas y los parques que antes pasaban rápidos ante mis ojos, sin apenas reparar en ellos.

Llego a la estación, quedan unos minutos antes de que llegue mi tren. Y me siento a esperar.





Las vías me traen recuerdos de mi amor platónico de la adolescencia, con quien compartía los deberes de latín y la pasión por los trenes (ser nieta de maquinista creo que hace que lo lleve en la sangre). Ese amor duró lo que duró el bachillerato, pero también despertó en mi el interés por los relatos cortos y eso es lo único bueno que quedó de aquello.

Llega mi tren. Sentada en el vagón contemplo por la ventanilla lo que tantas veces vi antes, a veces sola, a veces acompañada. A tan sólo 35 minutos del kilómetro cero, me acercó al punto de encuentro. Cervezas, risas, un rato estupendo de diversión, abundante comida, un rico Albariño y un par de copas de Ruavieja hacen el resto.

Toca la hora de las despedidas y de volver a casa. Me siento fuera de contexto rodeada de gente que va a un concierto, con más piercing y tatuajes que un muestrario. Podría ser la hermana pequeña de alguno de ellos, pero me hacen sentirme mayor y aburrida.

Según me voy alejando de la urbe me voy relajando. Agradezco la decisión no forzada de vivir al sur y en el campo. Según van desapareciendo las edificaciones me siento más tranquila. Se respira la calma que tanto necesito.

4 comentarios:

  1. Me parece que en tu buhardilla aún circula tu pasión por los trenes... ;-D

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    1. ¡¡Uy nena!!esa pasión hace un montón que no circula, está parada y cogiendo polvo. Mucho rollo al principio, mucha casita, mucha vaquita en miniatura, mucho arbolito y... está abandonado. Aunque mi alegría no decae, las nuevas generaciones también se interesan por el tema.

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  2. A mí también me gusta muchísimo ir en tren. Mirar por la ventanilla, dejar volar la imaginación, estar en silencio...¡es un gustazo!.
    Un abrazo fuerte

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    1. Es como transportarse en el tiempo, ves pasar las cosas, los paisajes, dejarlas atrás y ver llegar las nuevas.
      Como la vida misma. Si, totalmente de acuerdo, es un gustazo.

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