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miércoles, 10 de octubre de 2012

Pensamiento matemático.

Si, soy de letras. De letras puras, purísimas. En mi plan de estudios (¡¡dichos días de estudiante!!) existían materias como el latín, el griego, historia del arte, filosofía... Y cuando pude elegir, lo hice.
Como las fórmulas químicas  me parecían incomprensibles (Ej.: CaSo4 . 2H2O), aunque luego les terminé encontrando su lógica y sobre todo su utilidad. Y como la física tampoco era lo mio...


Pues eso, que al final no me quedó más remedio que decantarme por la opción que a priori parecía más interesante para mi.
Desde ese momento de elección, han pasado unos cuantos añitos, pero luego la vida te enfrenta a situaciones en las que te percatas que las matemáticas siguen constantemente presentes.
No sólo en el día a día, en el que si sumas 1 + 1, te encuentras con dos problemas, que se pueden multiplicar hasta el infinito si añades más elementos. Y que si en lugar de sumar, multiplicas, en lugar de dos problemas, puedes tener como poco 4.

Hay veces que tu mundo de moléculas se mantiene estable, pero de repente aparece una variable en tu campo de electrones y trastoca todo ese equilibrio de partículas, modificando el resultado de tu ecuación.

Si esa "X" es puntual, bien, no hay excesivos problemas, la sorteas lo mejor que puedes y listo; pero si esa variable se convierte una constante en el tiempo..., estas jodido incómodo.

Si tienes opciones de intervenir sobre la dichosa variable, restando o sumando factores para que la incidencia de la misma se vea minimizada, bien de nuevo. Si no, estas muy jodido incómodo (elevado al cuadrado).

Pensamos que controlamos nuestras vidas, que podemos tener nuestro futuro a corto plazo organizado, pero de repente, ocurre un imprevisto, algo con lo que no contábamos, que trastoca todos nuestros planes, incluso los más inocuos a corto plazo. Y en esos momentos, entre que nos reajustamos para adaptarnos a la nueva realidad (o mejor dicho, para acoplarnos a esa nueva realidad), a esas nuevas situaciones, deberíamos pensar en lo inconsistente que es nuestra existencia, en lo frágil que es nuestro supuesto bien asentado universo.

Somos el aquí y el ahora. Y deberíamos en muchas ocasiones comportanos más como seres de presente y no centrarnos en un futuro del que no tenemos la certeza exacta de su llegada ni de las condiciones bajo las que vamos a vivirlo.

Así que:

Carpe diem quam minimum credula postero.


6 comentarios:

  1. Soy de ciencias, ciencias puras. No puedo evitar dejarme dominar por mi pensamiento matemático, por controlar todas las variables posibles y calcular las probabilidades para despejar la incognita de la incertidumbre. El futuro me angustia y cuando eso me pasa me gustaría perderme en la teoría del caos.

    Besos desde el corazón.

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    1. Supongo que todos más o menos tratamos de controlar el máximo de situaciones, pero luego la vida...
      Besos también para ti.

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  2. Qué gran lección de filosofía matemática y cuánta razón tienes.
    Besucos.

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    1. ¡¡Ay!! esos besucos con sabor a norte y a orilla de mar.
      Besos también para ti.

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  3. También yo de ciencias puras hace tiempo que pase de preocuparme de el futuro, sobre todo con la que esta cayendo, como dice un amigo los problemas, si tienen solución para que preocuparse y si no los tienen para que preocuparse. En conclusión, que vas afrontando lo que va llegando, porque como decía escarlata o'hara, mañana será otro día.

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  4. Lo que pasa Srta. O´Hara que con niños no puedes evitar vivir en un estado de semi-preocupacion-por-el-futuro constante. Va con el cargo de madre, todo en el mismo pack. Pero si, se va afrontando lo que va llegando, ya sabes que en mi caso es así a diario.
    Besos.

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