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lunes, 15 de octubre de 2012

Si voy dejando pasar el tiempo.

Desde mi ventana veo aviones partiendo nubes en dos. Aviones que a veces preñan el cielo de líneas blancas que se enmarañan entre si. 
Fuera, al otro lado de la jaula de cristal la vida fluye con su ritmo, últimamente más convulso. Pero los pinos siguen dejando que el viento mueva sus ramas y todo transcurre como siempre.
Por las tardes, cuando sólo estoy en casa, ajena al discurrir de los acontecimientos, veo el paso de las estaciones a través de la hiedra bicolor de la valla, esa que separa mi mundo, mi línea de intimidad de la vida de mi vecina.
Desde la terraza de mi dormitorio todavía veo hojas en las ramas de los árboles, pero se que una a una irán cayendo. Llenarán el suelo, lo teñirán de amarillo y ámbar. Las ramas quedarán desnudas y podré ver a través de ellas una porción más grande de mundo.



El sol ya no se oculta en el mismo sitio, ni lo veo asomar en el mismo lugar de mis amaneceres tranquilos y silenciosos.
Y van cayéndose los días a pedazos, corren más que yo, tiene más prisa por pasar y dejar que le sigan otros.
Anclada en rutinas, de puntillas por la vida, paseo mis melancolías por las orillas de los embalses madrileños. Lanzo mi imaginaria caña y me siento a pescar pensamientos, tranquila, de espaldas al mundo. Pero no surte mucho efecto, así que insisto una y otra vez, hasta el infinito, como siempre he hecho.
Me desvisto muy despacio y a conciencia, me lanzo al agua y me dejo arrastrar por la corriente. A veces puedo nadar en estilo libre, pero la mayoría de las veces no tanto.
Y me tengo que conformar con eso, de momento.
Se que se dorarán las hojas y luego morirán. Después, vuelta a empezar. Sólo es cuestión de tiempo, le digo a mi paciencia. ¡Aguanta!, le digo a la cuerda que se tensa atada a mi tobillo. 
Por unos días he dejado descansar a mi tridente, pero hay determinaciones grabadas en la piel al calor del verano.
A veces creo que piso arenas movedizas, con la seguridad de que me engullirá sin remedio el fango, que ya me está salpicando en la cara.
Sólo es trabajo, me repito. Tu te obligaste a ello.
Cuando el único recurso es la imaginación, porque falta la libertad para volar, sólo queda contar hasta 10, lentamente y después empezar de nuevo a contar.

4 comentarios:

  1. Ay, ay, ay...este otoño se nos presenta melancólico. Si hay que tirarse al río ese para hacerte sonreír, me tiro, ehh. Mucho ánimo.
    Un abrazo gigante.

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  2. Esto es el resultado de la "mustiez" típica de los días con menos luz solar. Se quita con... el tiempo.
    Un beso campestre.

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  3. ¡Qué palabras tan bonitas...! A mí me gusta muchísimo el paso del verano al otoño; los olores, los colores, la temperatura...
    Besos

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  4. Los colores que nos ofrece el otoño son una auténtica delicia para la vista, con lo de la temperatura discrepo, yo soy de calor, calor.
    Besos otoñales.

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