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sábado, 9 de junio de 2012

El placer.

Hay placeres en la vida que sólo si los has disfrutado, entiendes toda su dimensión.

No hay nada como los besos que me dan mis hijos, no hay mayor placer que verles reír a carcajadas, o sus abrazos de koala, con todas sus fuerzas.

Luego está el placer inconfesable del chocolate. Los Godiva "noir", si los degustas muy despacio, saboreando cada instante, no tienen comparación. Son un lujo y como tal hay que saber disfrutarlo.

También está el placer indescriptible del ajedrez. Nada como esa sensación tan placentera al saber que estás a punto de dar "jaque mate" y tu contrincante no tiene elementos de defensa. Eres la reina del tablero, cualquier movimiento del contrario en inútil y está avocado al fracaso. Tu lo sabes y eso te da el placer del poder, de saberte ganadora, sin remedio.

Hay placeres sencillos, como los paseos por el campo, como escuchar el sonido del agua movida por el viento. Respirar aire puro, escuchar el sonido del viento susurrando entre las ramas de los pinos. El placer de la tranquilidad, de la serenidad y de la calma.



El placer de descubrir un paisaje nuevo, un lugar que nunca has visto. Y descubrir que te gusta y que te gusta mucho.


Un lugar por el que nunca habías paseado, una sensación placentera que no se había experimentado antes.



No encuentro placer más tranquilo que disfrutar de las maravillas de la naturaleza, de redescubrir sensaciones olvidadas. 



Está también esa satisfacción que se siente cuando escuchas: "tu tenías razón", aunque hayas tardado muchos días en escucharlo. Y está el sublime placer de la venganza, ese que se siente al esperar tu momento, para devolverla, con intereses de usura a ser posible, que es mayor cuanto mayor es el tiempo transcurrido hasta que te sales con la tuya.


Y hay otros muchos placeres, cada uno tenemos nuestra lista, que se incrementa cada año de existencia, que sólo cada uno conocemos cuales son los propios, de los que cada uno disfrutamos en la medida de lo posible, siempre que la vida y sus circunstancias nos lo permiten.

Esos placeres que nos hacen sentirnos vivos y disfrutar cada instante cada segundo, de la existencia. Aún más si son compartidos.






4 comentarios:

  1. Pues yo sigo sin ver el Placer de la venganza, creo que no merece la pena el esfuerzo y creo que la vida ta le dará lo suyo. Recuerdo que tu siempre lo has dicho y me digo menos mal que es mi amiga, aunque he de decir que si soy de las que opinan que "al amigo cerca y al enemigo mas"

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  2. Uy nena, si a veces no hace falta ni hacer esfuerzos, con esperar y dejar que el tiempo pase...
    Tu ya lo sabes que procuro seguir fielmente tus consejos y al enemigo le tengo más que cerca, jajaja.
    Bs

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  3. Hola, me gusta tu espacio, es sincero y agradable. Me quedo por aquí, disfrutando del placer de leerte.
    Qué sería nuestra existencia sin esos pequeños-grandes placeres? Son un bálsamo.

    Saludos.

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  4. Bienvenida Mar, siempre es un placer contar con compañía en el blog. Me alegro que te guste.

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