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miércoles, 25 de julio de 2012

Tormenta de verano.

Después de interminables días de abrasador y arrasador calor, de inquebrantable sequía, hoy el cielo se ha dignado a darnos una tregua. Las nubes negras se han ido arremolinando desde dirección suroeste, eclipsando al sol de final de la tarde.

Se ha levantado el viento y me ha traído aromas de tierra mojada. Como siempre pasa en estos casos, el calor sofocante se ha incrementado durante unos minutos, el sudor ha perlado mi frente y por mi nuca se han deslizado gotas, camino de mi espalda.

En esos instantes previos a la tormenta el ambiente se carga de una electricidad y de una tensión similar al cuarto de unos enamorados que están a punto de discutir. El ambiente está enrarecido, el calor es casi insoportable, los nervios están clamando a las puertas del Averno.

Veo un relámpago a lo lejos, cuento los segundos, pero no oigo el consabido trueno. ¿Buena señal? aún está muy lejos. Desde que de pequeña viví una clamorosa tormenta a orillas del mar, me fascina este fenómeno de la madre Naturaleza. Cuanto más fuerte es, más me gusta, sobre todo si estoy sola. Sobre todo si me pilla en el campo, a pesar de que en mis circunstancias, una tormenta en el campo a mi lado, supone un peligro sobreañadido. Sobre todo si empieza a anochecer...

Empieza a caer la noche, algunos rayos se ven a los lejos, partiendo el cielo en mil pedazos, rompiendo con su estruendo el silencio del campo.

Me siento al aire libre a disfrutar de la bajada de las temperaturas, del aire que eriza cada milímetro de mi piel. Siento frío y es evidente que es así. De vez en cuando, uno de ellos dota a la oscuridad de un resplandor momentáneo, dejándome ver lo que se oculta a mi vista. Un segundo de día en la inmensidad de la noche.

Van pasando las horas, decido que ha llegado el momento de rendirse en los brazos de Morfeo. Cierro mi libro, miro la hora, ya hace rato que debería estar dormida, pero una vez más, no puedo. La tormenta se aleja poco a poco, pero continuo vibrando con el olor a humedad de tierra reseca a la que se le ha dado un suspiro de vida.

Fuera y dentro llueve suave y las pocas gotas que caen sobre el tejado marcan el ritmo de esta nueva noche. Sobre mi cama caen batracios del cielo. Se que tengo que besarlos hasta la extenuación o aprenderme de memoria el manual para su cuidado y disfrute.

4 comentarios:

  1. Me enamoran las tormentas de verano, el olor a tierra mojada, el trueno que desgarra la noche, el rayo que zigzaguea entre las nubes, los sueños... Veo que a ti también. ¡Besazos!

    PD. ¿Cuándo piensas crearte una cuenta en facebook?

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    Respuestas
    1. Jajaja, lo que me faltaba, engancharme a facebook, entonces si que no se como iba a sobrevivir robándole más horas al sueño.
      De momento tengo demasiados "vicios", quizás cuando me compre el Iphone.
      Besos guapa.

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  2. "Tensión similar al cuarto de unos enamorados que están a punto de discutir"...qué bien lo has descrito. Qué bien escribes. Qué bien lo haces todo, jod...
    Mil besos.

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    1. ¡¡No me digas eso, que me vas a sacar los colores y me da mucha vergüenza!!
      Un beso de tu devota seguidora.

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